El fútbol mata

BORJA RODRÍGUEZ

Tras el incesante goteo de muertes por violencia machista no me resisto a pensar que las autoridades ni atinan con el foco del problema ni dedican el suficiente empeño para erradicar esta lacra social. Todo esfuerzo es poco, pero ¿por qué no lo intentamos comenzando por un diagnóstico de la realidad de nuestra sociedad? El fútbol tiene millones de seguidores en todo el mundo y en nuestro país ocupa diariamente gran parte de nuestras vidas. El odio y la agresividad que en ocasiones se genera con este deporte es un caldo de cultivo excelente para forjar una conducta violenta que se infiltra en los menores y no menores que asisten a los campos de fútbol de nuestro país. De otro espacio público seríamos expulsados de inmediato cuando surge esa expresión de frustación, violencia verbal y gestual, pero este tipo de comportamientos se repiten y confirman cada día en el campo, en el bar, en casa, en definitiva en el fútbol. Sin querer generalizar, pero sin quitarle un ápice de realidad al deporte rey, los hechos indican que existe un ambiente violento consentido y que se repite casi diariamente por millones de hombres, en su mayoría. Parte de ellos poseen una conducta violenta aprendida, con el agravante de que las generaciones más jóvenes se empapan a su lado. Nos echamos las manos a la cabeza con agresiones puntuales y sin embargo 'disfrutamos' cada día con la violencia masificada retransmitida en directo por televisión. Creo que los medios no debieran publicar las muertes por violencia machista, al igual que con los suicidios, pues estoy convencido de que les anima a cometer el delito. Aunque esto daría para otro debate, cabría tomar nota de otros deportes con conductas más nobles y que organismos responsables como la RFEF, el Gobierno, los clubes e incluso las asociaciones de padres invirtieran en educación por un deporte con respeto.

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