FÚTBOL PARA CHINOS

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

El pasado lunes llegué al trabajo sin saber cómo había quedado el Athletic Club-Barcelona (0-2 para los azulgrana). Quizá usted piense que este desliz premeditado sea una irresponsabilidad. Impropia de alguien que debería de estar obligado a conocer todos los resultados de la jornada. El fin de semana pasada libré. Sábado y domingo. Un oasis que se da muy de cuando en cuando en aquellos que nos dedicamos al periodismo deportivo. Mi vinculación con el balón en esos días de descanso se limitó al Juventud Chiva C-Walter Alaquàs B de alevines con un 2-1 a favor de los locales. Reconozco que vi la primera parte de Mendizorroza. La segunda la pasé cambiando la ropa del armario y cociendo pasta. Decidí llenar mi tiempo libre el resto del fin se semana de rutinas familiares que no fueron más allá de un paseo vespertino, el desayuno en el bar de cada domingo y pulsos para hacer los deberes. Lo que de normal se entiende como vida. Mis hijos se pellizcaron varias veces a lo largo del día para darse cuenta de que su padre estaba en casa. El fútbol me ha enseñado a odiar el fútbol. Puntualizo, los que gobiernan el fútbol me han empujado a aborrecer lo que un día fue mi pasión pegado a un transistor. Hoy en día sacarse el pase de temporada es un sudoku que obliga a mediar y lidiar con compromisos familiares, de amistades y, si me apuran, con el mandamiento de santificar las fiestas. La Liga ordena la jornada en función del consumidor asiático, el que da dinero, al que le va la vida en un Getafe-Leganés. O eso dicen los que saben. Por eso, Tebas y los suyos han ideado un calendario que ni permite comer ni merendar ni cenar con cierta antelación. El pasado lunes, un hincha del Espanyol agradecía a La Liga el detalle de impedir que su hija llevara ya varias jornadas sin acudir a Cornellà-El Prat por los horarios intempestivos. Pan para hoy y hambre para mañana. Es indecente y peligroso que se juegue un partido a la una de la tarde con el sol a plomo en Mestalla. Es irritable un partido a las nueve de la noche de un lunes cuando al día siguiente hay colegio y se trabaja. En el estadio de Las Palmas había el otro día más calvas que pelo en la grada. Quizá el objetivo sea sacar a los aficionados de los estadios y en tierras como la valenciana fomentar el turismo de sol y playa. Reconozco que desconocer el resultado del Athletic-Barcelona no me significó un trauma. Es más, creo que a este paso le agradeceré al señor Tebas que me aleje del fútbol, que me invite a probar nuevas experiencias, sensaciones diversas y en definitiva alejar a mi hijo de la rutina del carrusel del fin de semana. Pero lo que nunca le perdonaré es que bajo el yugo de la televisión se haya cargado aquellas tardes de fútbol pegado al transistor.

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