LA FRONTERA DEL OMBLIGO

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Reducidos en las fronteras de nuestros propios ombligos, nuestra opinión acerca de la Justicia dependerá de nuestras tendencias ideológicas y de nuestras propias experiencias. Si en uno de esos pleitos bastardillos de goteras entre vecinos el juez falla a nuestro favor, entonces creemos en la Justicia y viva la madre que parió a ese juez. Pero si falla en nuestra contra, ah, en ese caso el juez es un pobre imbécil que nos profesa enorme tirria y además dudamos de su capacidad mental, profesional, existencial. También nos acordaremos de su madre, pero no precisamente para regalarle una docena de claveles. Alguien apuntó que la diferencia entre los políticos de la Transición y los actuales residía en el liderazgo. Ahora escasean los líderes y abundan los jefecillos. A los políticos de hoy, no somos tan insensatos, no les exigimos un liderazgo de pura sangre y carisma refulgente, sin embargo tampoco les pedimos que sean tan chapuceros como nosotros. Que nosotros, ante una gotera o una linde, nos ofusquemos, se comprende. Pero que ellos nos igualen en cuanto a bellaquería, pues no. Marzà efectúa palmas tuiteras con lo de los interinos y su obligación ante el valenciano, pero cuando en otros asuntos la Justicia le ha propinado tirones de oreja no ha mostrado ese alborozo, más bien lo contrario. Cuando la crisis y los tumultos callejeros, se repitió hasta la saciedad que necesitábamos políticos como nosotros, gente normal, de asfalto y carajillo, digo yo. Siempre me pareció un error. Yo prefiero políticos preparados para la gestión diaria, incluso cabezones ariscos que me deslumbren con su sapiencia, y por supuesto honrados. Si nuestros políticos despliegan nuestro abanico de errores domésticos y de paranoias sectarias, estamos apañados. Fíjense, sin ir más lejos, en Marzà el de la mirada sesgada.

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