EL FRAUDE DE LA TELE

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Conocen ustedes a algún trabajador de una empresa privada que haya sido despedido de la misma, recibido la correspondiente y legal indemnización y años después vuelto a contratar por esa misma firma que le puso de patitas en la calle? Yo no, y estarán conmigo en que no es precisamente una técnica habitual. Salvo en Valencia, en una empresa pública llamada À punt y unos empleados que antes lo fueron de la extinta Canal 9. El propietario de la nueva radiotelevisión valenciana es el mismo, la Generalitat, que es al fin y al cabo el que pone el dinero. La sede, también, las instalaciones de Burjassot. Y el objeto social, idéntico, la emisión de contenidos informativos y de entretenimiento preferentemente en valenciano. Y ahora resulta que la inmensa mayoría de nuevos empleados son los de antes. Pero para acabar de rematar el sainete y que el público presente prorrumpa en encendidos aplausos ante la grotesca ocurrencia final, los partidos integrantes del tripartito que ha puesto en marcha el proyecto televisivo son los primeros que se desmarcan de este bochornoso y multitudinario traje a medida, como si la cosa no fuera con ellos, la táctica del a mí que me registren. Cuando las responsabilidades en este caso están más que claras. Fue el PP, sólo el PP y nadie más que el PP el que cerró Canal 9, y bien que se arrepintió al poco tiempo, cuando nadie más en toda España lo imitó y Fabra quedó como un impulsivo que por un arrebato se había desprendido de un medio que evidentemente le iba a hacer más bien que mal. Y fue el tripartito, sólo el tripartito y nadie más que el tripartito el que se comprometió a reabrirla, al coste que fuese, como si la dignidad de los valencianos estuviera en juego por una tele propia más o menos. Podrán revestir el proceso de una supuesta independencia de los órganos gestores de la nueva tele para explicar su distanciamiento con algunas de las decisiones tomadas (como la contratación de ex Canal 9 en un porcentaje que supera el 90% del total de la plantilla temporal), pero la realidad es que la criatura es un hijo suyo -del tripartito- y que de momento no ha hecho más que dar disgustos. Lo probable es que los tribunales acaben poniendo las cosas en su sitio, es decir, tumbando una convocatoria de puestos de trabajo impugnada por las asociaciones profesionales. Con lo que no es aventurado pronosticar que en esta legislatura no habrá À Punt que valga, ni falta que le hace a Mónica Oltra, que siempre tiene a La Sexta para salir a su rescate cuando menos se habla de ella o necesita recuperar el tiempo perdido con la inestimable ayuda de los casos de corrupción del PP. Puig no tiene a nadie pero supongo que a estas alturas el president pensará que entre Tele Compromís y nada, mejor se queda como está.

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