Nuevo y viejo

TIENDA DE CAMPAÑA

Cebrián fue elegida no por mujer sino por moderada; Álvaro fue, en 2015, el 'objeto ornamental', el tributo a la moda ecologista

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Sábado ventoso, nada fallero. Y Julià Álvaro en las portadas. Me quedo con la entrevista que le hace LAS PROVINCIAS, donde el ex secretario autonómico de Medio Ambiente habla sobre las decepciones que le ha proporcionado, al destituirlo, el 'Govern del Botànic'. «El Consell -dice- no ha aguantado esa presión de unos poderes económicos que consideran que, gobierne quien gobierne, ellos siempre deben mandar».

«El proceso de mi destitución -señala- es propio de la vieja política». Me gusta, admiro esa franqueza con la que describe que no hay diferencias entre un ayer y un hoy que se supone fue dividido, para la historia de la Humanidad, por el 'Pacte del Botànic'. Y es que, claro, enterarse por Radio Valencia de que han puesto punto final a tu carrera política es como rememorar aquellas visitas tenebrosas del motorista de El Pardo.

Con todo, en la estupenda entrevista de Burguera hay perlas escondidas. Gracias a ellas me entero de que Álvaro iba a ser el conseller de Medio Ambiente, precisamente por su especialización. «Pero se tuvo que buscar que fuese una mujer, por paridad. En el último momento se piensa en Cebrián (Elena) que iba a ser directora general...».

¿Dónde está, dónde estuvo, la vieja y la nueva política? Aunque sé los riesgos que estas palabras corren en la Semana de la Mujer, ¿es adecuada una «nueva política» basada en la paridad a machamartillo, o en ocasiones puede producir tensiones, retrasos y frustraciones en la gestión de una institución? ¿Qué debió ser prioritario en 2015, el programa a cumplir, las ideas a desplegar, o el género de las personas en el equipo de gobierno? Después de darle vueltas al asunto, me quedo con lo más probable: Elena Cebrián fue elegida no tanto por mujer como por persona informada, moderada, práctica y posibilista. Años después es cuando vemos que la concesión 'decorativa', el tributo a una moda medioambiental en la que el PSOE es por fortuna sereno, fue situar a Julià Álvaro como número dos del departamento. Un modelo erróneo, no muy distinto a aquel trufado falangista-opusdeísta que descarriló con el Caso Matesa. Porque si todos hubieran sido de la confianza de la señora Cebrían... nos hubiéramos ahorrado disgustos.

No, no hay política nueva y vieja, sino política. Tan cruel y desalmada como queramos. O tan cuca como ese ejercicio de hablar a los medios -descargarse- cuando ha pasado ya un mes de la destitución y las platos rotos empiezan a recomponerse.

Por otra parte, el poder no quiere riesgos. Ninguno. Lo podemos ver en el nuevo diseño de 'les mascletàes' o en la ubicación de nuevas viviendas del Cabanyal. En cuanto a la presión de los «poderes económicos», yo preferiría hablar de un 'ahormamiento' a los moldes de sensatez -crecimiento, desarrollo, empleo, bienestar- que el radicalismo político empieza a conocer con asombro cuando entra en los despachos. El asunto ya lo trató Aristóteles. ¿O fue Maquiavelo?

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