LAS FORMAS DE GREZZI

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

La concejala de Protección Ciudadana de Valencia, la socialista Anaïs Menguzzato, ha venido a proclamar lo que desde distintos foros venimos afirmando otras voces desde hace dos años, que las formas de su compañero del tripartito municipal Giuseppe Grezzi no son las mejores, que toma decisiones que no consulta ni consensúa con el resto, pese a que terminan teniendo consecuencias en delegaciones que no son la suya, por lo que acaba marcando la agenda de la Policía Local. En la entrevista que concedió a la Agencia Efe, Menguzzato dejó claro que comparte el fondo, que está de acuerdo con el proyecto, con las reformas emprendidas en el área de movilidad, pero discrepa del procedimiento. Por ejemplo, el que se siguió para acabar con el aparcamiento nocturno en el carril bus.

La concejala parece sorprendida por la actuación de Grezzi, por su carácter. Es evidente que éramos muchos los que esperábamos algo así, porque conociendo su comportamiento previo, analizando su manera de hacer oposición, no cabía aguardar nada diferente. El que es capaz de enfundarse una camiseta con una caricatura en la que aparece dando latigazos a la entonces alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, no es una persona predispuesta al diálogo, al consenso, al entendimiento con el diferente, a la búsqueda de acuerdos, a ceder para aplicar el programa y contentar no sólo a los fieles, a los militantes del partido, sino al mayor número posible de ciudadanos. Por el contrario, es un intolerante que no ve más allá de su ideología, que piensa que todos los demás están equivocados, son sus enemigos, están contra él.

Sin embargo, el ejercicio del poder debería ser una renuncia constante a la imposición. Cuando un alcalde o un presidente dicen eso tan manido de «voy a ser el alcalde de todos» o «vengo a ser el presidente de todos» deberían pensar de verdad en lo que están diciendo, darse cuenta de lo que implica y a lo que les obliga. Ciertamente, en ese sentido puede decirse que Grezzi no ha engañado a nadie, él nunca dijo que fuera a ser el concejal de Movilidad Sostenible de todos los valencianos. Desde un principio sólo ha querido gestionar para los suyos, para los que piensan como él, para los usuarios (y militantes) de la bicicleta, para los ecologistas más radicales. No le interesa el tráfico de los automóviles, antes al contrario lo que busca es el colapso, el atasco permanente para que dejen de usar el coche. Tampoco pierde demasiado el tiempo con una EMT que por increíble que parezca funcionaba mejor con un ayuntamiento de derechas que con uno de izquierdas. Todo un logro. Lo suyo es construir carril bici aunque a los cuatro meses haya que levantarlo por unas obras que estaban previstas de antemano.

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