Todo este follón para casi nada

FERRAN BELDA

Ahí te quería ver, escopeta. Echándole la culpa al PP de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que condena a España por el desinterés con que el Ayuntamiento de Valencia atendió las molestias denunciadas por un vecino de la plaza Xúquer. Acusando al equipo de Rita Barberá de desentenderse de la contaminación acústica. «Jo no era./ Jo no era./ Era Ximo Calavera». Porque, ciertamente, salvo promulgar toda la reglamentación que está en vigor e implantar las únicas medidas de corrección de las que presume todavía la delegación de Medio Ambiente y Salud en el portal municipal, los caballeros de la Taula de Canvis (de billetes de 500 euros) no combatieron el griterío y el estruendo como debían. Pero, convendrán conmigo en que el autodenominado «Govern de la Nau», tampoco se está luciendo mucho en este terreno, por más que ahora diga que se «ha puesto las pilas», locución que resultó graciosa cuando salió, a raíz de un anuncio de Duracell, pero que leída en un comunicado oficial no produce más que vergüenza ajena por la pobreza argumental que denota. La nota la completaba el compromiso -valga la redundancia- de reducir un 30% el espacio público que ocupan bares y caferías en Russafa y Ciutat Vella. En los dos años y medio transcurridos desde que accedió a la Casa Gran con una margarita en los labios, el Tripartito no ha solucionado uno solo de los conflictos provocados por la saturación de terrazas, el botellón, los apartamentos turísticos y las despedidas de soltero. Y, en cambio, ha complicado la convivencia entre peatones, ciclistas y automovilistas al llenar las calzadas de bordillos que ponen en peligro la integridad de todos ellos al menor descuido. Trazar carriles bici hasta en los lugares más inadecuados como porches y zaguanes. Y sentenciar de muerte a las pasarelas de la avenida del Cid, con el fin no tanto de estrangular la circulación y desviar a los conductores hacia el deficiente transporte público como de perpetuar la obra de su promotor, G. Grezzi, haciéndola de este modo irreversible. Total para que el mapa de ruido le salga rana. De sus datos se desprende que lo único que ha conseguido este empecinado edil 'pacificando' el tránsito por la vía del entorpecimiento ha sido centrifugarlo, trasladarlo de la primera ronda a la segunda. Después de tantas tentativas, tanto gasto y tanta modificación sólo puede presumir de una rebaja de 10 miserables decibelios ¡en la peatonalizada calle Serranos! Una victoria pírrica, como se comprenderá, para el trastorno al que está sometiendo este hombre al vecindario desde que la calle es suya y no de Fraga, como ocurría antes. Claro que él por lo menos hace algo -aunque más valdría que se quedara quietecito en casa-, que lo que es el resto de concejales implicados en esta cuestión, A. Menzzugato (Policía Local) y P. Soriano (Medio Ambiente), ni siquiera se han arremangado. ¿Controles sonométricos a vehículos y locales? «Qu'est-ce que c'est?».

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