'THE END OF THE F***ING WORLD'

MIKEL LABASTIDA

Que la adolescencia es una época en la que la mayoría de jóvenes se rebelan contra el mundo, viven encerrados en ellos mismos, se sienten más raros de lo que realmente son y detestan a cualquiera que ejerza cierta autoridad a su alrededor es algo que no se le escapa a nadie. Más que nada porque todos hemos atravesado ese periplo en el que hormonas y feromonas se disparan. Tampoco se le escapa a nadie que la televisión normalmente suele edulcorar e idealizar bastante esta etapa. Presenta relatos de chicos conflictivos pero 'guays' en el fondo y que al final se reforman. Solo hay que revisar series míticas como 'Sensación de vivir' o la patria 'Compañeros' para recordar a los protagonistas, aparentemente insoportables pero con un trasfondo dulce y entrañable que inevitablemente hacía encariñarse con ellos. Es cierto que las series juveniles han ido haciéndose más complejas con el tiempo y cayendo en menos tópicos pero el poso paternalista y reformista nunca ha terminado de desprenderse. Ni siquiera en la polémica 'Por trece razones', que al final acumulaba también gran parte de tramas y conceptos manidos.

Por todo ello y por alguna cuestión más sorprende 'The End of the F***ing World', título de la BBC creado por el británico Jonathan Entwistle como adaptación de la novela gráfica homónima de Charles S. Forsman que ya está disponible en Netflix y permite disfrutarse casi de una sentada. La primera temporada cuenta con ocho capítulos con una duración que ronda los 20 minutos. Qué maravilla. Cuánto se puede contar con ese ajustado metraje. Menos a veces es más. Así conocemos a dos adolescentes de 17 años, que nos recuerdan a otros personajes similares que se sienten extraños e incomprendidos. Pero con ellos no existe intención redentora ni de disimular sus defectos. Con un lenguaje violento, un planteamiento crudo y grandes dosis de humor negro se sigue la huida hacia ninguna parte de estos chavales bastante psicópatas que están dispuestos a cometer todo tipo de excesos por salir de su realidad. Y por extremos que sean al final James y Alyssa no nos resultan tan lejanos.

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