Ficticia unidad municipal

La tentativa referendaria ha producido una gran fractura que costará mucho mitigar pase lo que pase el 1 de octubre

Más de 700 alcaldes catalanes fueron recibidos ayer en el Ayuntamiento de Barcelona, con Ada Colau al frente, para protestar por las primeras imputaciones de la fiscalía contra los ediles dispuestos a colocar urnas el 1 de octubre. El término más jaleado por los munícipes que intervinieron en este acto y en el celebrado a continuación fue el de la unidad. Un concepto que precisamente brilla por su ausencia en esta compleja representación plebiscitaria que finalmente, como era previsible, descansa sobre los hombros de los regidores municipales. Colau, en concreto, vacilante y ambigua hasta el último momento, aseguró que «en Cataluña creemos en la democracia y aquí no sobra nadie (...) Cataluña es un solo pueblo, la libertad la defenderemos con unidad». Cuando es patente que la tentativa referendaria ha producido una gran fractura que costará mucho mitigar pase lo que pase el 1 de octubre. La falacia de la unidad inexistente se constata en la propia reunión de los alcaldes por la independencia, que, si se excluye a Barcelona, representan tan sólo a menos de la mitad de los ciudadanos de Cataluña. Además, cabe dudar de la espontaneidad de estos pronunciamientos, después de que el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, llamara a los ciudadanos a reprender a los alcaldes que se negaran a colaborar en este ceremonial secesionista. La causa de la independencia ha sido dibujada con tintes heroicos por sus promotores, con lo que es muy difícil para quienes ocupan un cargo enfrentarse a la masa vociferante. Determinadas conductas de los promotores del referéndum ilegal muestran, además, la escasa calidad democrática de sus principales actores: la alcaldesa de Badalona, por ejemplo, manifestó que «esta reivindicación legítima, persistente, pacífica y masiva hace tambalearse al régimen del 78 y hace aflorar sus fundamentos antidemocráticos que han perdurado a lo largo de los años». ¿Cómo es posible que Cataluña haya sufrido en silencio 'a lo largo de los años' la perversión maligna del 'régimen del 78', una democracia impecable y acogedora, sin que nadie se diese cuenta hasta hace bien poco de tanto 'sufrimiento'?

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