EL FICHAJE DE PAREJO

MIQUEL NADAL

Siendo enorme la presencia de Kondogbia, la inesperada aportación de Coquelin, o incluso la madurez que desprenden los minutos de Ferran Torres, la recuperación para el gol de Santi Mina y Rodrigo Moreno, o el sentido de la combinación de Zaza, y tantas otros ingredientes, me parece a mí que todas estas novedades encuentran su fiel de la balanza en el fichaje del renacido Parejo. A los veteranos en la vindicación de Parejo no nos viene de nuevas la noticia. En todas las profesiones, empresas e instituciones hay un Parejo al que es fácil reconocer. Da igual que sea un taller mecánico, una redacción de periódico que una Dirección General de la vieja o la nueva política. Es esa persona que da la cara cuando todos silban y se escurren ante una urgencia. El que pide el balón, lanza los saques de esquina, o pega cuatro gritos si es el caso. Por eso la presencia y el rango de Parejo es como un nuevo fichaje inesperado a coste cero. Cierto es que la grada de Mestalla, que no siempre sabe estar acertada, se revuelve con murmullos con las pérdidas de balón y el error. Pero qué sería del funcionamiento de las instituciones, de la economía, de las empresas, o de un simple equipo de fútbol, si no tuviera gente, no siempre la que más cobra, no siempre la más apreciada, que nunca dice no. Cuanta tranquilidad proporciona en todos esos ámbitos saber que existe una persona que no renuncia a redactar una demanda, a ponerse a cargar un palé y que se arremanga sin mirar la clasificación de su puesto de trabajo. Puede que desde el punto de vista personal no resulten personas tocadas por la gracia, ni por una empatía excepcional. Pero el fútbol no consiste en el cumplimiento de un canon moral o de comportamiento. Hay que ir al mínimo. No les pedimos a los futbolistas encontrárnoslos en los Cines Babel viendo películas en versión original. El examen que pedimos sucede en un campo de fútbol, y se supera con respeto y compromiso. Cuando no existe se afea, pero cuando se acredita, y con nota, tiene que premiarse. Para una grada que tantas veces se tomó a risa los cánticos de que tal o cual jugador debían ir a la Selección, no resulta fácil. Aquí hemos vindicado hasta a Barragán. No se trata de una reivindicación territorial, ya no hablamos de Paco Alcacer. Pero sí resulta cierto que por ser del Valencia hay jugadores que no han encontrado una adecuada proyección. No es una maldición bíblica. Son hechos objetivos, que ser periferia tiene sus cosas buenas y malas. Ha pasado siempre, y solo hace falta recordar el caso de Fernando Gómez Colomer. Sin apasionamiento, sin Memorial de Greuges, el mundo del fútbol le debía a Parejo la convocatoria. El público de Mestalla la refrendó el sábado en la sabia sustitución que ordenó Marcelino.

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