FESTEJOS A LA INMACULADA

Mª ÁNGELES ARAZO

Nuestra Universidad siempre tuvo una gran presencia en la vida cultural, social y religiosa de la ciudad. Fue la primera de España que proclamó la Concepción Inmaculada en 1530, y en 1662 fueron famosas las carrozas y altares realizados por alumnos y profesores para celebrar la declaración del dogma de la Inmaculada Concepción de María.

Salmos, coplas y aleluyas multicolores proliferaron en el ambiente barroco del claustro, conseguido con tapices, colgaduras, candelabros y flores que ensalzaban a la Virgen, bella como la azucena y la estrella matutina.

La parafernalia a la que es tan dada nuestra gente quedaba justificada por el permiso que gozaron excepcionalmente los universitarios cuando los Jurados decidieron prohibir los carnavales a cambio de los festejos en honor de la Inmaculada.

Como escribió el cronista Valda: «...para que, entretenidos en los trajes, galas, remedos, invenciones graves y ridículas, se evitaran otras licenciosas contingencias... Del mal, el menos».

Profesores y alumnos se afanaron en la construcción de nueve carrozas, entre las que destacaban la de los Ángeles, las Musas y las Mujeres Fuertes de la Biblia, para las que se seleccionaron los chicos más delicados, rubios, delgados y de gestos suaves, ya que tenían que vestir túnicas y llevar alas, diademas o coronas de laurel.

Sin temor alguno, se compaginó alegremente la Historia Sagrada y la Mitología griega; así que se sustituyó la Aurora por la Virgen María, pero junto a ella estuvo el dios Apolo.

El patio claustral acogió a esos carros triunfales transformados en altares; y los muros se cubrieron con damascos, guirnaldas y espejos con marcos dorados, resplandecientes.

Una abigarrada escenografía que se mantuvo cinco días, dada la influencia de público atraído por el derroche efímero, que ignoró una vez más las normas de la Constitución del Estudi de 1611, que prohibía que se levantaran altares con motivo de efemérides religiosas.

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