Tras los pasos futbolísticos de camps

FERRAN BELDA

Y vuelta la burra al trigo!, dicho sea sin segundas. El Valencia CF ha tenido que provisionar 23,3 millones en el presupuesto de 2018 para pagar la multa que le impuso la UE por el aval que le concedió F. Camps. Las subastas celebradas para desembarazarse de las participaciones que el IVF posee en el Hércules y en el Elche CF, clubes donde la Generalidad es la principal accionista, han resultado fallidas. La única oferta recibida por la entidad franjiverde es la presentada por el consejo de administración y el accionista de referencia, el cuestionado José Sepulcre, con un aval, para más inri, delirante: la hipoteca del estadio Martínez Valero. En su defensa de la actuación del instituto sobre el que Ximo Puig pretende construir un banco autonómico, el alcalde ilicitano no pudo por menos que declarar el pasado lunes que la primera obligación del IVF es «recuperar el dinero invertido indebidamente en los clubes de fútbol». Y va el presidente del Consell y, en lugar de insinuarles a los nuevos propietarios del CD Castellón que contra el vicio de pedir está la virtud de no dar, declara oficialmente que, a su juicio, dicha sociedad anónima (deportiva) «merece el apoyo de las instituciones porque es un club histórico, de los clubes valencianos más importantes». Y eso sólo puede significar dos cosas. Una. Que se ha comprometido ya a apoyarles y los incentivos están al caer. Y dos. Que aspira a que lo hagan aquellas corporaciones que se han mostrado renuentes a continuar inyectando dinero público en ese pozo sin fondo mal gestionado y peor dirigido que ha sido el equipo de la capital de La Plana. Y no sé qué es peor, si que Puig se muestre dispuesto a seguir los pasos del más futbolero de sus predecesores o que anime a liarse la bufanda albinegra a la cabeza a quienes han tenido la valentía de decir basta.

Un Ayuntamiento de Castellón que no sólo dejó de subvencionar en su día al conjunto 'orellut' por las deudas que tenía contraídas con Hacienda y la Seguridad Social, sino que este pasado año se negó a hacerlo con retranca: alegando que ninguno de sus equipos forma parte de la élite deportiva municipal. ¿A quién recurrirán entonces los que nada más someter el capital de la SAD castellonense a una operación acordeón admitieron que su jugada pasa por conseguir que les 'den' el estadio de Castalia? ¿Al edil que les regatea el talón o al agradador que hará cuanto esté en su mano para contentar a su circunscripción electoral? Tontos no son. Recurrirán al que cuando aún no ha salido de un enorme lío futbolístico ya está dispuesto a meterse en otro. La justificación al alcance de un victimista como Puig no puede ser más redonda: el CD Castellón tiene, poco más o menos, tanto derecho a especular con Castalia como el Valencia CF con Mestalla y el Elche con el Martínez Valero.

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