Del federalismo al cielo

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Una lectura rápida de la ponencia que el PSPV aprobará este fin de semana en el congreso que celebrará en Elche viene a poner de manifiesto la desorientación que casi cuarenta años de Estado autonómico ha acabado provocando en ciertas élites intelectuales, empresariales y sociales y en los dirigentes de los partidos políticos. Una fiebre de autonomismo, localismo, particularismo y en algunos casos nacionalismo, que llevado al extremo ya sabemos a dónde nos conduce. España pasa a ser casi un ente molesto, una superestructura malvada (Madrid) que oprime a los pueblos. En el apartado titulado 'Valencianismo y federalismo' encontramos el siguiente ejemplo: «El País Valenciano es un sujeto político. Un sujeto complejo, al que su originalidad institucional primigenia fue borrada por el justo derecho de conquista, justo al momento que se iniciaban los primeros movimientos de los que tendrían que ser los estados-nación modernos, resultando reducido en favor del nuevo estado-nación emergente: el español». Cabría replicar, en primer lugar, que el País Valenciano no existe ni ha existido nunca, que el nombre oficial de la autonomía desde 1982 es Comunitat Valenciana y que en todo caso y si de hacer historia se trata se podría hablar del Reino de Valencia. Pero más allá del debate terminológico, lo que llama la atención es que los socialistas valencianos tengan que viajar en el tiempo primero hasta el siglo XIII («Nuestra identidad como pueblo constituido desde 1238 tiene que prevalecer en nuestra personalidad») y luego al XVIII para encontrar en la vieja obsesión de la batalla de Almansa la explicación y el origen de una identidad perdida que ahora y sólo ahora se puede recuperar gracias a que en la Generalitat vuelven a estar los socialistas y no «la derecha provinciana», otra de las perlas del documento. En la lección magistral de Historia que nos ofrece la ponencia tampoco podía faltar la referencia fusteriana («Con los años sesenta las nuevas generaciones, influidas entre otros por Joan Fuster, recuperaban el aprecio por la lengua propia, iniciando un movimiento social reivindicativo»), sin la cual el texto -cuya redacción no parece que vaya a optar al premio nacional de ensayo- quedaría cojo, huérfano. Y todo para consolidar la teoría de que la solución a los problemas de ordenación territorial de España pasa por abandonar «la idea recentralizadora de un estado agónico, ese estado que debemos abandonar haciendo el relevo del centralismo por el federalismo». Así de sencillo, ¿cómo no se nos había ocurrido antes? Para diferenciarse del 'malvado Madrid' (el PSOE, Ferraz, Sánchez) el PSPV refuerza supuestamente su condición 'valencianista'. El problema es cuando las 17 federaciones hacen lo mismo. ¿Quién piensa entonces en España?

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