FE-CE

La recuperación del nombre original del Valencia es una de las asignaturas pendientes del club de cara al Centenario

JOSÉ RICARDO MARCH

Durante casi veintidós años, entre marzo de 1919 y enero de 1941, el actual Valencia Club de Fútbol se denominó oficialmente Valencia Football Club. El nombre, el mismo que había lucido la sociedad deportiva más importante de la Valencia de principios de siglo, fue adoptado por los fundadores de la entidad con la voluntad de utilizar un elemento tan simbólico como el nombre de la ciudad para aglutinar al fútbol local, cuya fragmentación y escasa solidez ya conocemos. El sonoro apellido británico, chocante para el aficionado actual, no era sino consecuencia de la lógica imperante en el deporte de las primeras décadas del siglo XX. El fútbol, una práctica lúdica de importación, carecía de un léxico específico en castellano, lo que hizo que la adopción de voces extranjeras como 'back', 'team' o 'míster' se convirtiera en habitual y que los 'clubs', construidos a imitación de las sociedades de las islas, llevaran apelativos ingleses.

Más allá de disquisiciones lingüísticas, el caso es que en las dos primeras décadas de vida del Valencia, el apéndice Football Club se popularizó entre sus seguidores, frecuentemente acortado a Fe-Ce (Fe-Se para el aficionado valencianohablante). Es posible que conozcan la popular coplilla exhumada por los primeros historiadores del Valencia, que muestra la ilusión que despertaba aquel club («Mamá, futbolista quiero ser, y jugar en el equipo, del Valencia Fe-Ce»). El equipo era conocido indistintamente como Valencia o Fe-Ce a diferencia del Levante o el Gimnástico, que también llevaban el mismo apellido inglés pero que raramente lo empleaban como alternativa a su propio nombre. Como Fe-Ce el Valencia logró dominar el fútbol regional y dar el salto al nivel estatal. Y como Fe-Ce superó la guerra e inició la recuperación que le llevaría a convertirse en el club más poderoso de España en los años cuarenta. Un logro que alcanzaría, sin embargo, bajo otra denominación: Valencia Club de Fútbol.

En 1940 el nuevo orden franquista emprendió una campaña oficial para depurar el léxico de elementos extraños al español. Esa disposición obligaba a que las entidades, empresas o sociedades que habían sido bautizadas en lenguas distintas al castellano (verbigracia: el Racing o el Sporting, pero también el Reus Deportiu) 'españolizaran' sus nombres. Es interesante apuntar que el Valencia apuró hasta final de plazo para cumplir con la normativa, como muestran los anuncios publicados en la prensa hasta enero de 1941. A partir de ese momento se impuso y normalizó el nombre actual. La obligación de mantenerlo estuvo vigente hasta julio de 1972, cuando se derogó el decreto publicado tres décadas atrás. Pero entonces, a diferencia de lo que dispusieron clubes como el Athletic, el Barça o el Racing, el Valencia optó por mantener el "Club de Fútbol" y arrinconar en el trastero de la memoria al viejo nombre con el que había nacido.

Desde hace años, persuadido por la importancia de la historia, creo firmemente que el Valencia habría de dar de manera natural los pasos necesarios para recuperar su denominación fundacional. La misma que luce orgullosamente en la bandera de 1924 (que habría de ser el máximo símbolo del Centenario). Soy consciente de lo impopular que resulta una propuesta como esta hoy en día y estoy casi seguro de en que un referéndum abierto al abonado y el simpatizante el 'Club de Fútbol' ganaría por goleada. Por ello pienso que el cambio de nombre habría de realizarse «por decreto». Se nos dice que el valencianismo reaccionaría mal a la modificación del nombre, refractario como parece a los cambios. Sin embargo, ni la restitución del uniforme original en 1995 ni la vuelta a las denominaciones tradicionales del estadio (Mestalla en lugar de Luis Casanova desde 1994) y el filial (parcialmente, como Valencia-Mestalla, desde 2006) supusieron trauma alguno para la afición. Tampoco lo ha sido la recuperación progresiva de la memoria de la entidad, que ha permitido en los últimos años enriquecer el relato histórico del club con la incorporación al canon de varios presidentes y episodios olvidados.

La vuelta el nombre original de Valencia FC no es, a pesar de lo que pueda parecer, el enésimo ejercicio de nostalgia, sino un acto de justicia, de reparación y homenaje a nuestros mayores que, además, nos reconcilia con la historia. Por ello, creo que en los once meses que restan hasta el comienzo oficial del Centenario la directiva del club debería aprobar el cambio. El Valencia merece estrenar su segundo centenario de vida luciendo el mismo Fe-Ce con el que nació hace cien años en el Bar Torino de la Bajada de San Francisco.

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