Faltó corazón en la recta final

FERNANDO GÓMEZ COLOMER

No tenía un partido fácil el Barcelona, como después se comprobó. Venían de una hiriente eliminación en cuartos de final de la Champions League, ante una afición absolutamente decepcionada, con la sensación de menosprecio casi total por lo hecho por ellos hasta la fecha en esta temporada, a las puertas de la final de la Copa del Rey, ante un rival convencido, seguro y fiable, el Valencia. Perspectiva incierta. Bien es verdad que sólo la sufrieron durante la primera mitad, en la que el Valencia aprovechó muy bien su desconfianza en ataque, con la pelota en los pies, y su falta de intensidad en la presión y el aspecto defensivo.

Hubo mucha presencia de los visitantes en campo contrario, presión alta y correr, mucho correr. Recuperaron algunas pelotas que finalmente supusieron oportunidades claras de gol. Otras se formalizaron al contragolpe, principalmente por banda izquierda, donde Gayà y Guedes profundizaron con facilidad, ante la falta de trabajo defensivo de Coutinho, que estuvo participativo e incordiador, pero no ayudó nunca a Sergi Roberto. El Valencia dio la cara y sembró el desconcierto azulgrana durante la primera parte.

En otras ocasiones el Barcelino te metió atrás, y en una de esas fue cuando Luis Suárez marcó el primero. Seguramente injusto, pero lo hizo posible. Ter Stegen desbarató las mejores de los nuestros, y se fueron con ventaja al descanso. El Valencia mereció mucho más en ese tramo de encuentro.

Y llegó la segunda mitad. Y pasó lo que no debió suceder. El Barcelona te dominó, creó oportunidades, marcó el segundo y casi sentenció. El error de Umtiti, su resbalón, casi propició el empate y con ello un nuevo escenario, pero Rodrigo no marcó, y hasta más o menos el minuto setenta y cinco, el monólogo barcelonista fue claro. Me recordó el partido de Copa, metidos atrás y sin posibilidad de llegada. Incluso los cambios me parecieron conformistas. Con dos cero abajo, retirar a Guedes para sacar a Pereira, y hacer saltar al terreno de juego a Vietto no me pareció lo más procedente. Nos conformábamos con una derrota honrosa, un Valencia que no se juega nada en esta liga, que está clasificado ya para Champions. No me pareció bien.

Y los últimos minutos tras el penalti no parado por el alemán Ter Stegen, ni siquiera jugamos con el corazón. Ya no intentar la machada final con la cabeza o a base de buen juego, ni siquiera con corazón, un último impulso, apretar, robar, intentarlo. ¿Qué temor tuvimos? ¿Por qué no lo intentamos así? En fin, quizá a veces deberíamos dejarnos llevar más por el instinto, y no siempre tenerlo todo calculado basándolo todo en la razón.

Para mí, y a pesar de la dificultad, se pudo dejar pasar una oportunidad clara de, cuánto menos, conseguir un empate en el Nou Camp. Tampoco es un desastre. El equipo sigue compitiendo, y demostrando por momentos, muchos y largos momentos porqué ha llegado donde está. Así que a pensar ya en el miércoles y el partido contra el Getafe.

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