Experimentos con gaseosa

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

Si lo del turbio asunto de los experimentos con personas y monos para medir la contaminación de motores de automóvil se hubiera realizado en España nos habrían dado de lo lindo; hasta dejarnos baldados; a todos, en bloque, porque ya sabemos lo fácil que es poner en marcha el ventilador cuando se trata de enfocarlo hacia los débiles. Ah, pero las empresas implicadas son de Alemania y Holanda, y eso hace que cambien bastante las cosas; se plantea de forma diferente, ¿no?, porque también sabemos que son países muy avanzados, economías poderosas, sociedades verdaderamente modernas, en cuyos espejos solemos mirarnos.

O sea, que lo de los experimentos realizados es un tema oscuro, feo de verdad, que no vemos bien, porque está muy mal, pero como ha sido en unos países tan tecnológicos y emblemáticos, tan adelantados, pues no se aplica la misma dureza; como si se tendiera a pensar allá en el fondo que, habiéndose pasado, igual ciertas cosas han de hacerse de un modo u otro y hubiera algo de disculpa.

De alguna forma las reacciones viene a ratificar que se está precisamente en la disculpa y en echar balones fuera. Una de las grandes compañías germanas implicadas mostró enseguida su decisión de investigar y adoptar medidas; la primera, destituir a un alto cargo, mostrando así su aparente voluntad de depurar responsabilidades. Las agencias de noticias, las redes sociales, las páginas web, se apresuraron a decir que el escándalo comenzaba a cobrarse sus primeras víctimas. Sin embargo, si analizamos con detalle la cuestión resulta sumamente curiosa. El alto cargo 'fulminantemente' cesado era el responsable de las relaciones públicas y su 'pecado' fue haber reconocido en una entrevista tales experimentos. Así pues no se cesa a los que los hicieron o los mandaron hacer, sino a quien teniendo por misión suprema 'lavar' la imagen de la casa, cayó en el error contrario. ¿Es eso voluntad de corregir?

Por otro lado hemos de admitir que la sociedad europea está inmersa en estos momentos en una vorágine tal de ecologismo y sostenibilidad a ultranza, a toda costa, que es hasta cierto punto comprensible que se fuerce a desembocar en barrabasadas como ésta. Porque las normativas imponen reducciones drásticas de emisiones contaminantes, cosa que está muy bien, pero al mismo tiempo hay que mantener los negocios, la actividad económica, el empleo, la necesidad de medios de transporte..., y la competencia se endurece de continuo. Quieren imponer fechas tope para los motores diesel y de gasolina y algunos países ya anuncian que dentro de pocos años sólo admitirán coches eléctricos. Eso desbarata planes y acelera obsesiones. ¿Experimentos con humanos? Nos la cogemos con un confeti. ¿Tienen idea de las condiciones que sufren las personas que trabajan en las minas de litio de Bolivia o Afganistán y las de cobalto del Congo? Son los minerales necesarios para fabricar las baterías de los modernos coches eléctricos 'no contaminantes'. Nada es inocuo; en todas partes hay experimentos, y no con gaseosa.

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