EXÓTICOS

JESÚS REINA

Entre la pesadez del dichoso referéndum catalán y el desenfreno político dianense empeñado en la incompetencia, la semana me resultó dura. El cobro del creciente IBI también me provocó un desagradable apretón, acrecentado por la burla de culpar a los malotes de Madrid, ridícula afirmación que contradice a la solicitud municipal de 2015 para la actualización catastral, redundando en un incremento del 19% en los dos últimos años, e influyendo en otros impuestos como la renta, sucesiones o plusvalías.

Ante el caótico urbanismo, las posibles tasas turísticas o por el indecente gasto público en un evento gastronómico de nombre coincidente con el menú de temporada del más prestigioso restaurante dianense, escapé fatigado al V Máster de pesca a mosca de la Serranía de Valencia.

Saltos de agua entre los cañaverales, pinares, pozas y pintonas huidizas por algún lucio invasor, todo ello entre el compañerismo y la pasión mosquera. Orgulloso de la participación de mi hijo de trece años entre adultos, también miré atentamente hacia el Turia, alentando la esperanza por la pronta recuperación de algunos tramos en los que la administración había respetado su caudal mínimo. Desgraciadamente, el río de los valencianos es todavía en muchos casos un simple canal de lucro subvencionado, lo que se viene a llamar economía del agua.

Ya de vuelta, el más pequeño también quería pescar junto a su padre, por lo que remontamos otro acotado, pescando a los pocos minutos una de las pocas truchas arcoíris que lo habitan, en convivencia con las también repobladas comunes. A pesar del Decreto de especies exóticas invasoras, me negué a sacrificarla ante el chaval.

Gracia me hizo cuando un conocido compartió que había encontrado una tortuga de Florida en el parque de les Bassetes, pidiendo a la afición consejo de cómo actuar. Le advertí de lo dañino de esa especie, recordándole que matar exóticas es lo que animalistas y ecologistas nos exigen a los pescadores. Parece que alguno se molestó, pero en mi caso, al menos por unos días me olvidé de la penosa situación dianense.

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