Una estupidez absoluta

La Comisión de Igualdad de Género en las Fallas debe ser disuelta de inmediato

IGNACIO GIL LÁZARO

Las Fallas no admiten consignas ni prohibiciones. Son ante todo expresión de libertad. Sátira, ingenio y crítica. Ha sido así en todas las épocas. La plena espontaneidad de los artistas resulta consustancial a su obra. No vale imponerles ningún tipo de corsé. Sin embargo, ahora Ribó y su tropa quieren meter la cuchara ordenancista para intentar conseguir que la creación de los maestros artesanos se acomode a ciertos estándares definidos por los mantras ideológicos que asume Compromís. Una comisión municipal pretende 'sugerir' qué tratamiento se ha de dar a la mujer en el arte fallero e incluso las canciones a desterrar de las verbenas. La monda. Una estupidez absoluta que denota la obsesión intromisora de unos sujetos dogmáticos que a la par demuestran su ignorancia y hacen el ridículo porque toda la dinámica de las Fallas es en esencia un tributo a la mujer. Sobran por tanto invocaciones justificativas de cruzada antimachista ni monsergas al respecto. Especialmente después de la burda exhibición de machismo rancio que desprendían aquellas normas de vestimenta y conducta que Pere Fuset trató de colarles a las falleras mayores y a sus cortes de honor. Por eso hay que decir las cosas claras. La Comisión de Igualdad de Género en las Fallas debe ser disuelta de inmediato. Su propia existencia es un insulto a la sensibilidad, admiración y respeto que la tradición fallera rinde a la condición femenina. También de paso me gustaría saber qué hacen algunos concejales de otros grupos políticos avalando ese engendro. El colmo del despiste o cuestión de complejos. A Compromís hay que plantarle cara sin ninguna concesión cuando intentan tergiversar a su antojo realidades indiscutibles que el pueblo valenciano tiene sobradamente acreditadas en su identidad y en su conducta de siglos. ¿Acaso Mónica Oltra se ha sentido alguna vez menospreciada u ofendida por ser mujer en el seno de la comisión fallera a la que pertenece? Seguro que no. Entonces, ¿a qué viene esta patraña burocrática que solo es susceptible de transmitir fuera de Valencia una imagen falsa del tratamiento que recibe la mujer en las Fallas? Desde luego, lo más suave que cabe decir de esta chusca ocurrencia es que se trata de la enésima 'borinotada' de unos mandamáses municipales que son de esperpento. El Cap i Casal no se merece estar en manos de semejantes personajes. Las Fallas no necesitan que nadie venga a impartirles doctrina o a ejercer sobre ellas un remedo de manipulación indirecta y censura velada. Sin embargo, conviene no engañarse. La raíz de fondo estriba en que Compromís desconfía del mundo fallero por saberlo ajeno a ese credo catalanista que a Ribó, Oltra y compañía les arroba. Ansían por tanto llevarlo al redil poco a poco. Ahora toca utilizar la 'igualdad de género' porque suponen que es asunto tabú para oponer resistencia. Se equivocan de nuevo. Van listos si creen que Valencia pegará la cabotà.

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