EL ESTILO COLAU

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

A la gente normal, a la que vive honestamente de su trabajo o busca uno para ganarse la vida, paga sus facturas y aspira a llevar una existencia corriente, con los alicientes propios de la clase media del siglo XXI y sin grandes sobresaltos, a esa gran masa de población, no le asusta la presencia de la policía. Al contrario, le tranquiliza, siente alivio al contemplar a un agente o a una pareja patrullando por las calles, acude a ellos en caso de necesidad y no los ve como una amenaza sino como una garantía. Esto no significa que la policía o la Guardia Civil no cometan nunca errores y sean perfectos, ni mucho menos. Como en cualquier colectivo se producen fallos y como en todo grupo humano hay manzanas podridas. Sin embargo, para otra gente, la policía es el enemigo. Ada Colau forma parte de esa gente, por eso ha aprovechado la ocasión para pasar factura a los agentes y acusarlos de abusos sexuales.

La irresponsabilidad de una mujer que en estos momentos ocupa la Alcaldía de la segunda ciudad española es manifiesta, no sólo por dar por sentada la comisión de un delito sin aportar pruebas suficientes sino por la repercusión que tienen sus palabras. Lejos de tratar de apaciguar los ánimos, de actuar como bombero, la podemista dirigente catalana se comporta como un pirómano que ve un monte repleto de árboles y echa mano del cóctel molotov que casualmente llevaba en el bolso. Pero es que no lo puede evitar, está en su ADN, en su esencia.

Por encima de cualquier otra consideración, Colau es una activista de extrema izquierda que busca reventar el sistema, hacerlo saltar por los aires, acabar con la Constitución del 78, con la España construida en la Transición, con la monarquía, con la democracia parlamentaria, con el capitalismo, con la unidad de España y con lo que se le ponga por delante. Y la revuelta catalana es una magnífica oportunidad para encender la mecha y provocar el gran incendio que arrase todo. Su objetivo es viajar en el tiempo hasta febrero de 1936, la victoria del Frente Popular, la gran oportunidad perdida de la izquierda antidemocrática para haberse adueñado del país para siempre. Le sobra la policía y la Guardia Civil como le sobra el Ejército y la Iglesia, y la Corona, y el PP y Ciudadanos, y el Congreso en manos de un partido "fascista y corrupto", y el Gobierno, y el Tribunal Constitucional, los jueces, la Fiscalía, el Consejo de Estado, los medios de comunicación no afines, las grandes empresas, las entidades que no comulgan con sus ideas y, en definitiva, toda persona o colectivo que no esté conforme con el proyecto de salvación nacional que ella representa. Colau tiene muy claro quiénes son sus amigos y quiénes son sus enemigos. Lo sorprendente es que tanta gente siga engañada con ella.

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