¿Con quién va a estar el PSOE?

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

La pregunta no es que sea procedente es que en realidad es la clave de todo. Con quién y hasta dónde está dispuesto a llegar el PSOE. Porque sabemos de sobra con quién está la extrema izquierda, así como los que se llaman nacionalistas aunque, como el tiempo se está encargando de demostrar, tan sólo es el camuflaje de los independentistas. No hay más que ver la reacción de algunos dirigentes de Compromís contra el discurso del Rey para darse cuenta (por si quedaba alguna duda) de cuál es su postura ante el mayor desafío al Estado de derecho en la reciente historia de España. Los unos y los otros ven en esta crisis de Estado la oportunidad histórica que llevaban décadas aguardando, la grieta en el sistema por la que colar su modelo, el momento de gloria que las urnas -es decir, el pueblo soberano- les ha negado. La revolución pendiente o, lo que es lo mismo, la venganza de la historia. En el otro lado, Ciudadanos ha dado muestras de su fidelidad al sistema, a la Constitución del 78, sin las dudas ni el temblor de piernas del PP. Así que todas las miradas están puestas sobre el PSOE, la formación política que más tiempo ha ejercido el Gobierno en la historia de la democracia española, unas siglas que contribuyeron a hacer posible el milagro de la Transición y que también son responsables en gran medida del desarrollo social y económico de España desde mediados de los setenta hasta la actualidad. Pero sobre ese mismo PSOE pesa también la culpa de su connivencia con los nacionalistas periféricos, de alianzas contra natura para arrinconar al PP, de promover una reforma del Estatut catalán que nadie reclamaba y no estaba en la agenda política, de prometer (Zapatero) que se aprobaría lo que saliera del Parlament, de anteponer el interés del partido al del conjunto de los ciudadanos, tal y como se está demostrando en Valencia, donde con tal de conservar la Generalitat consienten los experimentos de Compromís que la mayor parte de la población rechaza, como el fracasado intento de inmersión lingüística en los colegios. El PSOE de Pedro Sánchez tiene que decidir si se mantiene fiel al régimen del 78 y al modelo de convivencia entre los españoles alcanzado gracias a aquel gran pacto o por el contrario se va con los radicales y los antisistema, con los que quieren romper España y proclamar no una sino dos repúblicas, la catalana y la del resto del Estado (o lo que quede de él). Las críticas por el uso de la fuerza por parte de la Policía y la Guardia Civil y el anuncio de la reprobación de la vicepresidenta del Gobierno nos anticipan un PSOE dubitativo, más pendiente de su flanco izquierdo (Pablo Iglesias) que de la estabilidad del Estado de derecho. Y sin el PSOE en el bloque constitucional no hay nada que hacer.

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