ESPÍRITU VECINAL EN PINEDO

Mª ÁNGELES ARAZO

Seguimos en la orilla marinera de Pinedo, donde es admirable el espíritu vecinal de su gente, que se distancia de la gran urbe de Valencia. Pinedo padeció, desde la década de 1960, sucesivas obras y expropiaciones que lo desgajaron en varios núcleos: Tres Caminos (el más próximo a La Punta), El Centro y Montañares, pero no le robaron el sentido colectivo.

El origen del nombre, del que tanto se ha especulado, con suposiciones referidas a un pinar, se debe a doña Concepción Pineda, propietaria de extensos terrenos, en los que se alzaba un molino arrocero alta chimenea de ladrillo visto y distintas dependencias dedicadas a secar y guardar el arroz; molino en el que se conserva un magnífico testimonio gráfico: la colección fotográfica García Prósper (gelatina de plata sobre papel).

En la vía Carrer del Riu, eje que atraviesa Pinedo y de la que surgen calles transversales hacia el mar, se advierte la transformación urbana desde finales del siglo XIX y principios del XX. Son numerosas las viviendas que poseen altos techos, con alarde de estucos, pechinas, guirnaldas y amorcillos. La distribución corresponde al prototipo de planta baja centrada en una gran puerta y dormitorios a los lados (a dos mans), sigue el dintel o arco con el comedor, chimenea y alacena y, al final, el patio, que servía de corral pero en el que no faltaba algún arriate y algún árbol.

Es fácil ver en la zona de los Montañares algunas higueras que superan los muros, jazmineros trepadores o unas palmeras vencidas por los frutos. Las fincas antiguas alternan con las de tres o cuatro plantas, aunque la gente de Pinedo siente predilección por las casas 'de camp', las que están rodeadas de tierra fértil.

Hasta hace pocos años eran frecuentes los campos de hortalizas, limitados por cañas y tupidos setos de adelfas que llegaban hasta las dunas, a muy poca distancia de las piedras de rodeno que, como modesta escollera, formaban abrigos de roca en la playa. Actualmente aún quedan algunos cultivados con auténtico primor, dóciles a los ciclos de las cosechas. Pequeño prodigio.

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