LO QUE ESPERO DE À PUNT

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

Esta misma semana mientras todos los medios de comunicación daban cuenta de los distintos nombramientos de ministros del nuevo Gobierno de Pedro Sánchez y Mariano Rajoy comunicaba que abandonaba la actividad política en TVE 1, la principal emisora del ente público, se dedicaban a comentar las inclemencias meteorológicas. Apenas interrumpieron la programación un par de minutos para ofrecer la última hora y continuaron con su parrilla habitual, que en ese momento se centraba en las recetas de los hermanos Torres. Es el penúltimo episodio de la situación crítica que vive la tele pública, continuamente cuestionada y señalada tanto dentro como fuera de la casa, acusada de manipulación y criticada por algunos de sus polémicos contratos. El caso de TVE es flagrante pero no es ni mucho menos único. Las emisoras que dependen de alguno gobiernos autonómicos también se hallan en el punto de mira.

Un caso reciente: el de la televisión gallega. Hace unos días los periodistas que trabajan allí denunciaban que los editores del informativo de mediodía habían ordenado que la cobertura de la sentencia de Gürtel durase como máximo 40 segundos. Y así se hizo. En ningún momento se indicó que el PP había sido condenado o que Pablo Crespo fue número 3 del partido en Galicia. Pequeños detalles que sirven de ejemplo de la gestión de la información en cadenas que, en teoría, deberían representar a todo tipo de ciudadanos.

Muy comentada está siendo la cobertura que en TV3 se está dando a todo el conflicto catalán. Las acusaciones de falta de pluralidad en el medio son constantes y el apoyo a la causa independentista es más que evidente. La tele catalana que durante mucho tiempo ha sido referente como motor audiovisual se encuentra en una situación de inmovilidad y de desconcierto. Tampoco se libra de las críticas Canal Sur, que ha pasado por etapas muy diversas y que en esta última se ha enfrentado a denuncias desde distintos sectores por favorecer, supuestamente, al equipo de Susana Díaz en sus informaciones. Programas como el de Juan y Medio han protagonizado instantes sonrojantes de los que ningún canal puede sentirse orgulloso.

Y en este panorama nace À Punt, la nueva televisión pública valenciana que se enfrenta al reto de demostrar que una cadena dependiente de un gobierno puede ser independiente y representar a todo tipo de espectadores, más allá de su ideología. Yo así lo espero. Y lo que espero, sobre todo, es que sirva para fortalecer y engrandecer a la industria audiovisual valenciana. Que cuente con ellos e impulse a unos profesionales que necesitan de una plataforma que los ponga en valor. Ojalá sea esta y que la endogamia no impida que se puedan realizar proyectos con recorrido, de los que se hable, de los que nos podamos vanagloriar. El éxito de À Punt será el éxito de todos.

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