ESPEJO Y YUNQUE

MIKEL PAGOLA ERVITI

Lo bonito de las mascletás de Valencia de marzo es que ofrecen diez y nueve oportunidades de expresar lo mismo pero de diferente forma. Son todo un catálogo de pirotecnia diurna. Por cierto: esto de las mascletás es una suerte y una rareza que siga haciéndose en pleno centro de Valencia. Por eso hay que conservarlas ahí: porque son verdaderamente únicos tanto el incomparable marco como el especialísimo espectáculo en sí. Dentro de las creaciones particularmente personales, están las de Alfonso Baños Muñoz, de Alpujarreña. El granadino ayer volvió a hacer una mascletá doble, en espejo, ardiendo desde cada lado hacia dentro de la plaza. El montaje del cuerpo de la mascletá lo comprimió en ambos laterales (norte y sur) en sistema de 'cañeta' y de peines. Todo el cuerpo que a otros les ocupa media plaza (cinco retenciones), él lo apretó (y dos veces) en apenas cada lateral. Esto se suele hacer, por ejemplo, para comisiones de falla en las que hay poco espacio para disparar. Respetó el ritual y puso una traca valenciana pero sólo en un lado, en el tradicional, junto a la falla. Y después comenzó con fuegos aéreos, en ambos extremos, y rodeando la plaza con disparos digitalizados. Su sistema de pregunta-respuesta, a cada punta, con diferentes efectos, fue muy interesante. Se le vio muy suelto en esto. Con dos golpes instantáneos en el suelo hizo el marcaje de separación antes de encender las dos mascletás mencionadas con sus sendos acompañamientos aéreos. En la quinta retención volvieron a sonar los golpes de lo que él bautizó el año pasado como 'martillo de Thor': a cada tres truenos terrestres explotando juntos en varios puntos al unísono hacían un golpe de este divino yunque. El terremoto, también doble, entrando por cada lado, en zigzag a lo largo de toda la plaza tuvo un estopín demasiado lento y, al ser tan largo, e ir ya sin martillazos, se diluyó algo. De hecho antes de terminarlo montó el aéreo a cada lado y lo amplificó hasta hacerlo una larga y enorme nube de color y truenillos, muy vistosa. Pero el silencio previo a la entrada de la rúbrica final, menos aparatosa, quizá se alargó de más. Dos golpes en el aire y otro más leve en tierra zanjaron todo.

Fotos

Vídeos