EL ESPEJO

NACH0 COTINO

Siguen pasando los días... Hemos superado ya el solsticio de verano, San Juan ha encendido su fuego purificador que cierra las puertas de la primavera y en el Valencia CF la foto sigue pareciéndose peligrosamente a la de hace más de un mes cuando bajó el telón de la Liga. Y, sinceramente, y a diferencia del verano anterior y a pesar de ciertas similitudes, no creo que no lo estén intentando pero sí parece bastante claro que -de momento- no lo están consiguiendo o cuanto menos no a la velocidad recomendable habida cuenta de que quedan solo cuatro días para que se levante la persiana de la Ciudad Deportiva para arrancar la pretemporada. No están todos los que tienen que ser y sí están otros que no deberían serlo, con lo que habrá que acelerar y mucho salvo que ahora pretendan hacernos comulgar con la idea de que ya no es tan recomendable que el entrenador pueda hacer la pretemporada con un equipo lo más parecido posible al que tendrá que disputar la Liga. Pero no todo son malas noticias en el Valencia porque, pese a que la reconstrucción de la plantilla no avanza, sí que hay un espejo inequívoco en el que mirarse. Y no es que un servidor pretenda celebrar el 'no' ascenso del Mestalla a segunda división pero sí reconocer al equipo de Curro Torres el tesón y la entereza con que han competido hasta el último suspiro de una larguísima campaña. Algo que -seguramente- de haberlo hecho también el primer equipo quizá hubiese pasado inadvertido pero ha sido tan triste la actuación de los pobres niños ricos en los últimos tiempos que ha tenido que llegar el Mestalleta para despertar el éxtasis que otros anestesiaron. Las imágenes de chavales como Toni Lato sin consuelo por no haber alcanzado la meta y las ofrecidas por los cientos de valencianistas que se desplazaron el domingo a Albacete bien pueden ser la luz que ilumine el camino. Porque ni es necesario que nadie -desde la oficialidad- le recuerde al valencianista lo del sentimiento de pertenencia ni que dos niñatos ricos y maleducados le expliquen desde el terreno de juego al aficionado que paga el pase religiosamente para que ellos sigan siendo ricos cómo tienen que comportarse en cada momento. Lo que necesita el valencianista es poder comprobar que quienes llevan en el pecho el escudo que veneran, lo respetan y lo dignifican como corresponde a un club casi centenario. Algo que sí han hecho los 'nanos' del Mestalleta esta temporada y que ha terminado afeando la conducta y dejando en evidencia a los que han arrastrado el buen nombre del Valencia CF sin miramiento alguno. Ese es el camino y el modelo en el que se tienen que fijar quienes están el puente de mando porque lo sucedido con el Mestalla en el último mes: la comunión indestructible entre equipo y afición que se ha respirado en las últimas semanas, no responde a campaña de marketing alguna sino a la pasión por unos colores con la que es difícil comerciar aunque algunos lo intenten cada día.

Fotos

Vídeos