ESPARTANOS DE PACOTILLA

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Hay que desconfiar siempre de las modas. Siempre. Por higiene mental. Durante la crisis se puso de moda en algunas empresas con pretensiones vanguardistas lo de arrastrar a sus ejecutivos y sus curriquis un fin de semana al monte para organizar juegos. Se dividía al personal en varios equipos y les sometían a pruebas. Tirar de la cuerda, supervivencia, arrojarse a un torrente sobre unas canoas... Se puntuaba a los equipos, se repartían medallas y así se consideraba que reforzaban los lazos entre el personal, lo cual favorecía, presuntamente, la cuenta de resultados del negocio. Una auténtica soplapollez, desde luego. Qué penita daba ese capataz gordinflas resoplando, sudando. Y nadie rechistaba no fuese que lo incluyesen en el siguiente ERE. El que se forró fue el listo que montó uno de esos tinglados de siniestro experimento rural...

También conviene desconfiar de los modélicos países norteños. Ahora mismo algunas empresas de Suecia introducen una claúsula que obliga a sus empleados a practicar deporte un rato a la semana para no ser despedidos. Esto se me antoja un atropello pespunteado de atroz perfume filonazi. Y dale con el deporte. Y toma con el deporte. Y qué brasa con el deporte. Que nos quieren convertir a todos, por nuestro bien, claro, en deportistas de saldo, en atletas de ocasión, en espartanos de pacotilla, en gladiadores de quincalla. El deporte será muy sano, no lo dudo, salvo que un día te atraviese el relámpago del infarto mientras corres vestido de rotulador fosforescente, pero si desde la empresa te ordenan su práctica esto representa una agresión intolerable. Nos aplasta la glorificación deportiva y prefieren el culturismo a la cultura, la pantorrilla musculada al cerebro ágil. Pero sobre todo les encanta imponer desde las alturas su visión de gerifalte.

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