España, camisa blanca

Arsénico por diversión

El blanco no es ausencia de color o de mensaje. El blanco prescinde de los demás colores. Ése es su significado

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Perdonen que no me aliste bajo ninguna bandera», decía el otro día una pancarta portada por un hombre en la manifestación de Zaragoza. Iba vestido de blanco tal y como habían recomendado los organizadores de la marcha de 'Parlem/Hablemos' que reclamaba de los poderes públicos la disposición a dialogar sobre la independencia de Cataluña. La elección del blanco solo fue un modo gráfico de renegar de cualquier bandera, pero me gustaría creer que alguien lo escogió pensando en la canción que Víctor Manuel escribió para Ana Belén: «España, camisa blanca de mi esperanza/a veces madre y siempre madrastra/navaja, barro, clavel, espada». En ella se añora claramente a una paloma que busca cielos más estrellados «donde entendernos sin destrozarnos/donde sentarnos y conversar». Ése podía haber sido el lema de la marcha. Hasta ahí muchos asistentes hubieran estado dispuestos a abrazarse a ella y convertirla en el himno de los 'Parlem'. Sin embargo, algo me dice que no lo harán. No es solo porque ese canto representa a una generación que luchó por construir una España rota y dividida, desangrada tras una guerra y una dictadura, y por tanto entregada a la causa de una convivencia plural sin fronteras ni barricadas. También es porque los 'millenials' políticos creen haber descubierto la democracia 'real' pero son hijos de su tiempo y viven entregados a la autonomía extrema, que pasa por encima de lo colectivo salvo como suma de individualidades. Para ellos, Víctor y Ana son discos de vinilo de sus padres. Poco más. En la canción, sin embargo, no se habla a la 'gente' como cyborgs uniformes vestidos de blanco sino a 'los españoles' porque eso es lo que significa 'España' en su letra. No es una entelequia sino un conjunto de ciudadanos a quienes susurra Ana Belén: «aquí me tienes, nadie me manda/quererte tanto me cuesta nada». Ésa es la diferencia entre una apelación y otra, entre una generación y otra. La que asocia «camisa blanca» con ese canto apelaba a su amor por España, y sus esfuerzos por la concordia eran mezcla de un comportamiento aprendido del dolor vivido en casa y la convicción de que juntos podíamos construir una España mejor que la heredada. La que presume de blanco como ausencia de color, sin darse cuenta de que está convirtiéndolo en otro color, cree que el problema es España y se siente en la obligación de desmontar sus piezas para que funcione. En la canción, la palabra clave no es 'blanca' sino 'España'. En la actualidad, en cambio, 'España' se ha convertido en una palabra incómoda. Como si fuera algo distinto a los españoles.

Los balcones, las camisetas y las banderas al cuello hablan de sus propietarios. Incluso los que no muestran banderas están lanzando un mensaje. Es el resultado de la guerra de símbolos en la que estamos inmersos. El blanco no es ausencia de color o de mensaje. El blanco prescinde de los demás colores. Ése es su significado.

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