De espaldas al pueblo

JUAN CARLOS VILORIA

En una insólita y amigable cita, fontaneros delegados de Albert Rivera y Pablo Iglesias, se han reunido días atrás. Superando el rechazo que una sigla siente por la otra (inscrito a fuego en su ADN político) se vieron Irene Montero y Juan Carlos Girauta. El propósito era unir fuerzas para empujar juntos hacia una reforma de la actual ley electoral. Tiene que ser muy grande el interés mutuo por cepillarse el actual sistema de reparto de escaños para que Ciudadanos y Podemos se hagan la foto sonriendo con complicidad en el ambigú del Congreso de los Diputados.

Encima de la mesa se jugaba la representación del «pueblo» en las bancadas del Parlamento. Pero en la doble acepción de pueblo, la España rural era la que llevaba las de perder en esta temporal unión de siglas. Y el pueblo urbano, en la teoría, sería el más beneficiado. Así que los partidos que más apelan a la gente parecen dispuestos a dar una vuelta de tuerca a la calidad de vida de la que no vive en las grandes ciudades y quitarle ese plus de voz que la democracia representativa decidió concederle en el proceso constituyente. Como el triunfo de los nuevos partidos se sustenta en el voto urbano, la gente (de los pueblos), interesa menos, políticamente hablando, a Iglesias y Rivera. Además de la discriminación negativa que ya sufren se pretende recortarles la discriminación positiva que el legislador, con buen criterio, les concedió para amplificar en lo posible su voz en las instituciones comunes.

La España periférica ya tiene un acceso más penoso a los servicios públicos, sufre la desertificación sanitaria, está obligada a largos y costosos viajes para alcanzar las zonas donde hay empleo y está condenada a un sistema educativo de segunda categoría. El sentimiento de exclusión que siente el pueblo rural o periférico se puede ver agravado si los nuevos actores de la política nacional se salen con la suya. El truco de ampliar el número de escaños hasta 400 que proponía Podemos para que las zonas despobladas no perdieran los escaños que tienen pero sin alcanzar a compartir los añadidos, no ha colado.

Así que se baraja cambiar el sistema de reparto D´Hont. El resultado, según cálculos de los reformadores, sería que entre los dos podrían ganar 18 escaños. No se si merece la pena cargarse un elemento importante de la cohesión nacional por tan escaso botín. Además, se está derrumbando el cliché según el cual la periferia, lo rural, la nación vacía, vota siempre a favor de opciones conservadoras (de derecha o izquierda) y la urbana se inclina por el populismo y el liberalismo. El populismo (de izquierda o derecha) tiene un gran filón para engordar en la España profunda. Y hay que tener presente a Aristóteles (Alain Minc dixit) cuando distingue la democracia (la masa gobierna para si misma) del régimen constitucional (la masa gobierna para todos). Para todos los pueblos, urbanos y rurales.

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