Espacios sin machismo

JOSÉ-ANTONIO BURRIEL

La violencia contra la mujer no parece ser un motivo de peso para que la sociedad española se mentalice de la gravedad que supone que cada año se continúe matando a mujeres: sólo un 1,8% sitúa la violencia contra la mujer entre los problemas más graves de la sociedad, tal como recoge el último barómetro del CIS. La violencia machista ocupa el decimosexto lugar en el estudio sociológico de diciembre, un dato relevante si se tiene en cuenta que no es algo circunstancial. Otros datos: ninguno de los hombres entrevistados considera la violencia de género como su principal preocupación; la mayoría de las mujeres jóvenes afirman que el problema no les afecta.

¿Cuál puede ser la razón? La violencia machista es un problema estructural, un problema de un pensamiento machista que se genera en siglos y que pervive entre nosotros. Y esa presencia estructural de la violencia machista -real y simbólica- hace que los 'dominadores' no reaccionen, y las 'dominadas' no perciban esa dominación. Está aprobado el Pacto de Estado sobre la Violencia de Género pero anda renqueante en cuanto a su puesta efectiva en marcha. Las campañas en los medios de comunicación aumentan, también las de sensibilización de las comunidades autónomas. ¿Suficiente?

«Las leyes pueden ayudar a encauzar las conductas, pero sólo la educación cambia los corazones» (Martin Luther King). Comienzan a aparecer carteles en algunos lugares: 'Espacio libre de machismo'. Se pretendía -se dio un paso atrás porque el paso hacia adelante era inoportuno- eliminar en lo posible los estereotipos de los monumentos falleros y las canciones machistas en las verbenas falleras. ¡La educación es imprescindible, con límites y censuras no se educa! Queda mucho camino por recorrer, pero hay que hacerlo.

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