ESCOMBROS EN LAS TORRES DE QUART

ANTONIO VERGARA

Las ocurrencias del tripartito aposentado en el ayuntamiento de Valencia se superan a medida que transcurren los meses. Y encima veo una fotografía del alcalde Ribó con su gato. Le ha puesto un nombre que parece alemán, aunque también pudiera ser el de un comunista polaco.

Los humanos con gatos -y más si son políticos- me causan desconfianza, no en vano este felino destaca porque una de sus señas de identidad -la banda de Junqueras y Puigdemont- es el recelo y la cautela oportunista.

Creía que la líder del animalismo en el ayuntamiento era Gloria Tello, la 'consechala' que quiere fundar una colonia para 8.000 ú 80.000 gatos perdidos en este pueblo. Las colonias fueron, en el pasado, lugares residenciales para las personas de clase media o los adolescentes. Ahora los gatos van a requisarlas a sus propietarios legales, espoleados por el ayuntamiento.

En el libro 'Psicopatología de la vida cotidiana', de Sigmund Freud, se lee que el cariño desaforado por los animales de compañía oculta, como es obvio, la carencia de amor, afecto y sexo en un amplio sector de los seres humanos. Y en ocasiones, también pulsiones autoritarias. Los animales domésticos, cuando se ponen chulos, son obligados a obedecer de diversas maneras, de las que no hay que excluir la violencia física: 'koperliche gewalt' (en el alemán del mostoso diván).

Dejamos ya a los gatos, no sin antes rechazar ese vocablo gili y cursi de llamar 'mascotas' a los animales domésticos o de compañía de siempre. Mascota: 'Persona, animal o cosa que sirve de talismán', según la RAE. Esta superstición era muy propia en las civilizaciones antiguas. Pero ya me dirán ustedes qué clase de talismán es un gato o uno de esos anti estéticos chuchos que ensucian las aceras ante la mirada retadora de sus dueños. He presenciado un par de peleas entre el propietario de un perro y un viandante que le ha recriminado por no recoger la caca de su talismán. Los animalistas conforman uno de los grupos sociales más fanáticos, intransigentes y egoístas.

'Muerto el gato, se acabó la rabia', ésta es mi divisa, además de, si puedo, salvar mi camisa.

Precisamente eché en falta algún gato o perro en la 'performance' que tuvo lugar en las Torres de Quart, merced al ayuntamiento y sin contar con el preceptivo permiso de Cultura. Por supuesto, si los mostrencos de la 'performance' hubiesen hablado con doña Carmen Amoraga, Directora General de Cultura y Patrimonio de la Generalitat y muy amante de los gatos, no sólo les hubiera permitido hollar las Torres de Quart (BIC, Bien de Interés Cultural, y no un bolígrafo), sino que les habría prestado uno de sus felinos para completar el atrezzo. Por cierto, ¿a qué se dedica realmente doña Carmen Amoraga? ¿Qué iniciativas culturales ha llevado a puerto? Recuerdo que durante semanas -hace unos años- nos estuvo dando la barrila con su serie 'Diario de una madre', donde relataba lo referente a los biberones, al cambio de pañales y las caquitas. Estas crónicas fueron publicadas en las hojas del 'Lagarto Juancho'.

La 'artista' cubana Judith Álvarez perpetró lo que llaman una 'intervención' o 'performance' quienes aspiran a ser artistas de verdad, como Concha Velasco ('Mamá, quiero se artista / ¡Oh!, Mamá, ser protagonista'). Uno de los temas que más me sublevan intelectualmente es el cutrerío de las 'performances' y las 'intervenciones', salvo si estas últimas son policiales. Cualquier cantamañanas recoge en un desguace o en los contenedores de la basura objetos desechados, colchones empapados de orín, sillas desvencijadas y organiza una 'galería de arte'.

Son tan lerdos que se atreven a justificar ideológicamente tal estupidez. La señora o señorita Álvarez, cubana, ha señalado, ante el estupor de las personas cabales, con sentido común y razonables, que con ese basurero ordenadito pretendía que los ciudadanos de paso 'visibilizaran' (ya salió la palabrota) la indigencia. Pues la apremiamos a que regrese con sus escombros a Cuba y los instale frente a la residencia oficial de Raúl Castro. Allí si que hay centenares de miles de menesterosos.

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