La escoba

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Las bandas de rock que deciden versionear un clásico creen no sólo efectuar un guiño que homenajea sus gustos, sino jugar a caballo ganador. Pero no siempre aciertan, entre otros motivos porque para versionear se precisa un extra que se salga del original y aporte esas diferencias que, sin traicionar la raíz, expresen una vuelta de tuerca. Un alemán de los 90 llamado Duffo editó un elepé realmente mediocre, pero entre esos surcos incluyó una memorable versión del célebre 'Walk on the wild side' de Lou Reed. Triunfó de pleno porque retorcía, amplificaba, realzaba y electrificaba el clásico. El resto era pura porquería, pero el elepé merecía la pena sólo por esa versión.

La mocedad liderada por esa chica guerrera de flequillo cortado por la motosierra de Leatherface ('La matanza de Texas') ha presentado un cartel, junto a sus acólitas gafapasta que son como monaguillos de revolución agropecuaria, que retoma la vieja idea de barrer sin contemplaciones para purificar el mundo. Sí, los barrenderos Lenin y luego papacito Stalin purificaron y fumigaron a millones de personas que no comulgaban con su pensamiento único. La escoba como arma de destrucción masiva fue un truco empleado, desde diversas ideologías siempre sectarias, por la propaganda de antaño. Lástima que el póster resulte tan pésimo. Las fiestas más cutres del pueblo más roñoso de España no habrían aceptado un cartel tan cochambroso. Las caricaturas parecen bosquejos de aficionado, los colores desvaídos invitan al bostezo, el amogollonamiento de los protagonistas contribuye al despiste pues tanta masificación confunde. Entre semejante mediocridad, reconozcamos que al menos un mérito sí segrega ese reclamo propagandístico: su casposo diseño está a la altura del ideario de la formación, no hay duda.

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