Errores del pasado

ANTONIO PAPELL

El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, un economista del Estado, número uno de su promoción, que ha llegado al cargo tras recorrer con brillantez todo el escalafón del antiguo banco emisor, realizó el pasado miércoles un primer análisis en sede parlamentaria de la crisis económica y financiera que arrasó este país y de la que apenas estamos empezando a salir. Y aunque su relato ha guardado un escrupuloso respeto a sus predecesores en el cargo, Linde ha realizado un primer diagnóstico que resulta considerablemente realista, más desde luego que el informe oficial que publicó recientemente su institución.

A juicio del gobernador, se cometieron varios errores graves: no se tomaron las medidas para frenar el crecimiento insostenible de los créditos inmobiliarios; las fusiones frías de las cajas no resolvieron los problemas de aquellas entidades; no se previó la dureza de la burbuja y se pensó hasta el último momento que se podía atajar de forma «suave»; y si se hubieran aplicado medidas agresivas contra la crisis desde el primer momento, se hubiera ahorrado dinero. En definitiva, y en referencia a este último factor, «se intentó minimizar a corto plazo el coste de la crisis bancaria, atajando os problemas que iban apareciendo, lo que podía haber comprometido un mayor volumen de recursos públicos que con un enfoque más agresivo y ambicioso desde el inicio de la crisis». Linde prorrateó culpas, razonablemente: «El Banco de España no podía actuar con independencia de la evolución de nuestras finanzas públicas y de las decisiones de otras autoridades». En otras palabras, Pedro Solbes y Elena Salgado deben compartir la carga de responsabilidad, sin olvidar a Rodrigo Rato, que llevó la burbuja a su velocidad máxima de crucero.

En todo este asunto, lo que más llamativo resulta es la gran impericia de algunos profesionales que debían haber detectado la catástrofe que se avecinaba, por la fatal conjunción de una etapa de fuerte crecimiento, la ley del Suelo de Aznar que daba grandes facilidades para la edificación y unos tipos de interés cercanos a cero. En aquella coyuntura, con un sector de la construcción que levantaba al año más viviendas que en toda la UE, con un crecimiento anual de los precios de dos dígitos en tiempos de baja inflación, ¿cómo podían decir los ministros económicos de la época que no había riesgo en aquel desaforado sobrecalentamiento?

Deberían los expertos en economía tomar nota de aquella burbuja 'de libro' que agravó nuestra crisis sumando una burbuja de deuda a la financiera original. Draghi ha negado hace poco en España que su política de estímulos y tipos bajos estimule la generación de burbujas, pero ha reconocido que el BCE ha detectado «áreas que requieren una vigilancia estrecha y continuada». Sería magnífico que todos los actores aprendieran las lecciones para minimizar crisis futuras.

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