El fin de un error estratégico

FERRAN BELDA

Nunca le agradeceremos bastante a Pedro Sánchez el favor que nos hizo al alzarse con la jefatura del Gobierno. Fue desbancar a Mariano Rajoy y acabarse la discriminación de la Comunidad Valenciana (CV) para el PSPV. En menos que canta un gallo los socialistas impusieron un alto el fuego victimista que para sí quisiera Bashar el-Asad. Retiraron inmediatamente las dos enmiendas que habían presentado a los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Descolgaron la pancarta en favor de una mejor financiación que pendía de un balcón del Palacio de la Batlia desde hacía meses. Cesó la producción de mentiras, grandes mentiras y estadísticas con las que enardecer al electorado al más puro estilo poujadista. Decayó a niveles preconstitucionales el interés informativo por la supuesta marginación valenciana. Y hasta Vicent Soler, artífice de este giro nacionalista del PSPV, enmudeció.

En horas 24 volvieron encantados a los tiempos de Felipe González y Joan Lerma y no emiten ya más que excusas relacionadas con esta cuestión. Y no muchas. No se vayan a pensar. Las estrictamente necesarias para salir del paso y abreviar el por lo demás inexistente debate sobre esta clamorosa envainada. Una de Ximo Puig: «El interlocutor y la atmósfera» son nuevos. Otra de Manuel Mata: bloquear la aprobación de los PGE hasta otoño habría sido «una trampa mortal». Y, por último, una de Jorge Rodríguez: «Seremos pacientes». Lo cual podría tener un pase si no fuera porque en política, como decía Santiago Carrillo, no ha lugar al arrepentimiento. Aciertas o te equivocas. Y si te equivocas estás perdido. Como lo está el PSPV en estos momentos después de emprender una campaña que, amén de impropia de un partido de corte socialdemócrata, sólo podía beneficiar a Compromís. Formación que, al revés de lo que ocurría en el País Vasco entre ETA y el PNV, según Arzalluz, será quien finalmente se quede con las nueces del nogal gubernamental que ha estado sacudiendo el PSPV como si le fuera en ello la vida. Cuando es ese cariz identitario de su línea lo que se la puede arrebatar, si la euforia que ha despertado la llegada de Pedro Sánchez al poder no invierte la tendencia.

Para comprender la trascendencia de lo que acaba de ocurrir a once meses de las próximas elecciones, sólo hay que tener en cuenta un detalle. El PSPV no va a poder emplear el único discurso que ha venido empleando desde 2005. Y encima va a tener que tragarse un sapo tras otro empezando por los de su propio terrario. El calendario reivindicativo que impuso en su día a las fuerzas vivas, vivales y mediopensionistas del lugar para doblegar al PP, por ejemplo, aún no ha concluido. Ni mucho menos. Y no es por nada, pero contempla la organización de una manifestación en Madrid que haga patente la existencia de «un problema valenciano» (sic). ¿La celebrarán los «constitutivamente gubernamentales», que diría Ortega? ¿Se descolgarán y dejarán que Compromís se beneficie de su error estratégico?

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