Me equivoqué de grupo

Arsénico por diversión

La velocidad nos impide, en ocasiones, supervisar con mil ojos el destino de nuestros mensajes

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Hasta ahora, la disculpa más famosa en España tras un error grave era «lo siento mucho; me he equivocado y no volverá a ocurrir». Fue lo que dijo el rey Juan Carlos al salir del hospital tras el suceso de Botswana que le costó una operación de cadera y otra de marketing para arreglar el desaguisado. Sin embargo, en las últimas horas tenemos otra mucho más jugosa que promete un largo periplo por nuestras chanzas patrias. Es la de «perdón, me he equivocado de grupo» que escribió un concejal de la Laguna tras darse cuenta de que había publicado comentarios machistas donde no tocaba. Es lo que tiene la mensajería instantánea por el móvil, que la velocidad nos impide, en ocasiones, supervisar con mil ojos el destino de nuestros mensajes.

Ya se cuentan por millones los cambios de destinatario en esas aplicaciones que permiten mandar y recibir un mensaje ipso facto entre la mujer y la amante; entre el compañero y el jefe o entre el amigo y el cuñado odioso. Hasta el corvejón. Se mete la pata hasta el corvejón. Sin remedio y con prueba escrita fotografiada para los restos. Eso no ocurría con el sistema epistolar clásico. Escribir la nota, apuntar el nombre y la dirección en el sobre y pedir en Correos un sello para provincias era todo un protocolo de seguridad. Difícil errar salvo al meter la carta en el sobre equivocado. Sin embargo, con los móviles y las prisas por bromear, poner a caldo a ese archienemigo o desahogarse con una clac siempre dispuesta, nos llevamos los mismos sustos que el concejal. Con la salvedad de que mandar al grupo de la familia un despotrique contra la cuñada en lugar de hacerlo en el grupo del gimnasio no es nada comparado con lo que le ha supuesto al político canario su inoportuno desliz. En él hablaba, de forma bastante grosera, de las empleadas del ayuntamiento enchufadas a cambio de servicios poco honorables y de sus compañeras «frikis» del PSOE.

Ahora bien, más allá del cachondeo derivado de un error solo comparable al cometido en el chat del jefe a las seis de la mañana y pasados de garrafón, lo realmente grave es que el tema lleve oculto varias semanas y solo ahora algún alma caritativa preocupada por el bien común lo haya filtrado a la prensa. Justo ahora que se va a celebrar el congreso del PSOE y a dirimir los liderazgos locales. Porque al whatsapp traicionero subyace una guerra interna con gestora de por medio. O sea, que al final lo de menos es que el tipo tenga modos de cortijero antiguo y un machismo que deja en querubines a los quemabrujas medievales. En el fondo se trata de una guerra política y un torpe que usa el móvil como la barra de un bar de carretera en la España profunda. No preocupa esa mentalidad ni esos modos ni el uso y abuso de los bienes y espacios públicos. Solo que sea retirado del escenario él o aquellos que se vinculan a él. Al parecer, en la nueva política también nos hemos equivocado de grupo.

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