ÉPICA HÍPICA

ÁLVARO MOHORTE

Los negocios son un terreno peculiar. Los responsables del proyecto de centro comercial Puerto Mediterráneo en Paterna se sentaban el pasado viernes delante de la consellera de Vivienda y Obras Públicas, María José Salvador, para escuchar sus propuestas encaminadas a que la multimillonaria iniciativa inversora del grupo británico Intu pudieran llevarse a buen puerto. Las alternativas pasaban por acogerse a planes municipales o a nuevas figuras de la legislación autonómica valenciana.

El presidente del Consell, Ximo Puig Ferrer, y hasta la vicepresidenta y líder de Compromís, Mónica Oltra Jarque, dan ahora la bienvenida a la inversión y le abren los brazos de par en par... si el proyecto se mueve dentro de la legalidad, algo poco cuestionable y muy lógico, ya que lo contrario sería actuar con prevaricación.

Sin embargo, no era tan lógica la postura de la también consellera de Igualdad cuando en 2015 arremetía sin miramientos contra la iniciativa y veía en ella todo lo malo que, en su opinión, había terminado por arrasar la Comunitat en tiempos pasados. Amigotes, chanchullos, negocios fallidos que terminaban cubriendo las arcas públicas... y todo un bosque por el que la vicepresidenta se internaba hacha en manos en cuanto se ponía el tema sobre la mesa.

Quizás sea que, ahora que queda menos bosque por recorrer que bosque recorrido desde las últimas elecciones, más de uno haya revivido el bíblico episodio de Saulo, cayendo del caballo como impío para levantarse del suelo hecho todo un San Pablo, ferviente converso.

Es verdad que para el viaje se ha optado por cortar lastre, como ocurrió con la destitución del secretario autonómico de Medio Ambiente, Julià Álvaro Prat, furibundo enemigo de la iniciativa y todo lo que representa. Sin embargo, el hueco no ha tardado en cubrirse por más de uno con ganas de reivindicar su pureza de sangre y repescar la visibilidad disidente del caído, como ha hecho el director general de Comercio, Natxo Costa Pina. En su caso, esta renovación de los votos le viene que ni pintada, atrapado como está en el incómodo hueco que le ha dejado el haber llegado a un acuerdo en horarios comerciales con las grandes superficies que rechazan UGT, CC OO y Unió Gremial, la organización de comerciantes afín a Compromís en la que trabajaba como abogado hasta asumir su alto cargo.

Llegarán nuevos jinetes en nuevas cabalgatas, caídas repentinas y saltos a la luz, pero lo que no se puede pedir es que se deje de tener memoria y confiar en que los votantes tengan complejo de veleta y aplaudan lo que se les insistió en rechazar, del mismo modo que los que antes rechazaban la obstrucción aclamen ahora el cambio de actitud. La flexibilidad del junco es mejor que la rigidez, sí; pero en ambos casos, con un cambio brusco se puede terminar recibiendo un cañazo.

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