Envejecimiento saludable

AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA

La ministra de Empleo ha propuesto a los miembros del Pacto de Toledo que sea el propio trabajador quien elija los años de su cotización con los que se realice el cálculo de su pensión. Aunque la propuesta sea discutible y tenga apariencia de cortina de humo para cambiar las prioridades en la agenda política, se trata de un tema relacionado con un cambio radical en la estructura social de nuestro país donde el envejecimiento de la población debería ser el problema más urgente de las políticas públicas. No se trata solo de arreglar el problema de la sostenibilidad del sistema de reparto de las pensiones y, por tanto, resolver un problema de primera magnitud. Se trata de plantear el envejecimiento desde perspectivas que no sean las financieras o monetarias porque también estamos ante una fuente de oportunidades y retos. Sobre todo cuando lo planteamos como un envejecimiento 'saludable'.

Si el primer plan Gerontológico nacional estaba orientado al envejecimiento 'activo', ahora estamos obligados a cambiar la perspectiva. Cuando decimos 'envejecimiento saludable' estamos concediendo un nuevo papel al conjunto de las Ciencias de la Vida, a los profesionales de salud y, sobre todo, a un campo nuevo de investigación e intervención que llamamos Gerociencias. No se trata del sector residencial o turístico sino de un nuevo sector productivo que debería obligar a las élites políticas al establecimiento de una estrategia industrial en el campo de ciencias de la vida.

Si en otros tiempos las estrategias industriales se orientaron a sectores como la energía o las comunicaciones, en este momento la estrategia industrial podría orientarse desde las Ciencias de la vida. Además del campo de la fertilidad y la oncología, deberíamos integrar investigaciones biológicas, genéticas, genómicas y farmacológicas donde los avances científicos se están acelerando sin que la sociedad sea consciente de los cambios. Desde las aplicaciones de la telomerasa a las investigaciones con antioxidantes, pasando por los programas de transfusión de 'sangre joven', el envejecimiento saludable está llamado a ser un nuevo sector industrial.

Necesitamos una nueva mentalidad que confíe en los nuevos grupos de investigación y no sospeche por principio de laboratorios, industrias y empresas biotecnológicas. Una mentalidad que no se improvisa porque el desafío también afecta a élites políticas que deberán afrontar el desafío de los costos de los tratamientos y tomar posición ante las nuevas desigualdades sociales que se avecinan. Pero el incremento de la esperanza de vida también afecta a los consumidores porque el mercado de los productos anti-envejecimiento no ha hecho más que empezar. No olvidemos tampoco las nuevas profesiones que se abren y los programas de cuidados intergeneracionales que están revolucionando las políticas sociales más innovadoras.

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