No se enteran de nada

Más inmersión lingüística es la receta de la izquierda en un momento en que crece el españolismo. Qué fenómenos

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

No hace falta ser un profundo conocer de la realidad, un avezado investigador ni un sociólogo de referencia para darse cuenta de cuál es el estado de ánimo de la población y de cómo en los últimos meses ha evolucionado rápidamente a partir de los acontecimientos que se han registrado en España. Durante el otoño pasado, los momentos más críticos del desafío independentista catalán fueron contestados en gran parte de España con una espontánea exhibición de banderas en los balcones así como con manifestaciones en defensa de la Constitución y de la unidad territorial que en Barcelona alcanzaron un extraordinario éxito de convocatoria. Después de más de cuarenta años de democracia y si exceptuamos el breve paréntesis del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, los españoles asistieron entre perplejos y asustados al más grave riesgo de ruptura de uno de los estados más antiguos de Europa. El problema catalán no se ha resuelto, ni mucho menos, ni lleva camino de hacerlo en los próximos meses, seguramente años, quién sabe si décadas, pero lo que es seguro es que la angustia en los hogares por culpa del pulso soberanista se ha rebajado, que no desaparecido, dejando espacio a reivindicaciones ciudadanas que han sacado a las calles a miles de manifestantes, primero por la igualdad entre mujeres y hombres y seguidamente por el futuro de las pensiones. Pero el malestar latente que se respira en la calle, el hartazgo ante una clase política que se descalifica en su conjunto, sin matices, y la deriva política y social de un país que parece no tener rumbo, se alimenta día a día con abundante leña para que el fuego que incendia la convivencia vaya cogiendo más fuerza, en lugar de intentar apagarlo. La gente, usando el término popularizado por Podemos, está más que inquieta por el futuro de España, que al fin y al cabo es el de todos y cada uno de nosotros. Y lo que las encuestas señalan es que ante tanta incertidumbre, los votantes tienen previsto decantarse -al menos de momento- por un partido nuevo (en realidad ya no tan nuevo), sin experiencia de gobierno, sin escándalos de corrupción, sistémico, moderado y que no oculta su españolismo, antes al contrario. Desorientados, desencajados y, al parecer, sin sitio, los partidos de izquierdas ¿qué hacen ante esta evolución sociológica que en parte se explica por el conflicto catalán? Pues allí donde gobiernan en coalición con fuerzas nacionalistas y con los de Iglesias, avanzar en la imposición de las lenguas vernáculas y en el arrinconamiento del castellano, llegando al paroxismo en Baleares, donde para acceder a una plaza de músico de la Orquesta se dará prioridad a los que hablen catalán, en una vulgar copia de la inmersión lingüística practicada con notable éxito para sus tesis por el pujolismo. Luego se extrañan del resultado de los sondeos pero la realidad es que no se enteran de lo que se cuece en la calle.

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