Los enemigos de mis enemigos son mis amigos

Los enemigos de mis  enemigos son mis amigos
afp

RUBÉN MALONDA

La CUP ha vuelto a sorprendernos. Todos seguimos atónitos. Cuando cabía esperar que los antisistema utilizaran sus estratégicos 4 diputados para crear una situación de gran confrontación con el gobierno central, permitiendo la investidura del enésimo elegido, a través del ex-presidente ya momificado Puigdemont. La CUP parece aliarse con sus adversarios políticos permitiendo que Jordi Turull, marioneta de turno, no sea ungido y pase al banquillo de los acusados sin título, imputado junto a una gran lista de secesionistas de los que nadie duda que acabarán en la cárcel. Porque, aunque siguen apostando por el victimismo, el verdadero enemigo de los secesionistas no es Rajoy ni los jueces, es la democracia.

El sentido común, la lógica y la estrategia política parecen haber sido aniquilados por la CUP, quien dispara contra cercanos y lejanos de manera indiscriminada. Algunos estupefactos, otros aliviados, pero todos expectantes por saber cuál es el plan D tras el fracaso de los planes A, B y C. Pero en matemáticas hay infinitos números y aunque el número de diputados es limitado, las maquinaciones de los nacionalistas parecen no tener fin.

Toca esperar pero cuando la política sucumbe, queda la justicia. Y es que el proceso judicial sigue sin prisa pero sin pausa. En breve quedarán inhabilitados para ejercer un cargo público la mayoría de líderes y colaboradores nacionalistas, y el pueblo catalán, harto de ser utilizado para defender intereses personales y políticos, estará pendiente de otras cuestiones más acuciantes para las familias como la economía.

Algunos líderes seguirán con viajes exóticos y tendrán que huir fuera de la Unión Europea a otros destinos más lejanos como Tanzania o Madagascar para evitar el brazo de la justicia europeo les alcance. Aunque en algunos casos como el de Marta Rovira, han preferido utilizar el término «exilio», debemos diferenciar entre la fuga y el exilio. Mientras la fuga es un acto por el que se evita una medida judicial, desobedeciendo un requerimiento iniciado cuando residían en el país; el exilio es un acto de separación de la tierra por motivos que afectan a una parte de la población y por el que no se podrá volver al país de residencia por el único motivo de haberse exiliado.

El caso de los fugados o huidos es un caso que afecta únicamente a los que han cometido actos delictivos tipificados con la ley vigente en el momento en que residían en España, y que no han querido declarar ante una citación judicial, sino evadirse constituyéndose como fugitivos, es decir huyendo o escondiéndose. Es lo que ha venido haciendo Puigdemont hasta que ha sido cazado en Alemania, país que contempla el delito por traición. En definitiva que no es el gobierno quien politiza el poder judicial, sino los fugados que utilizan la política parta evitar las sentencias judiciales.

Cataluña está abocada a otro proceso no independentista, a un proceso judicial y a un proceso de normalización. Por fin ganará la mayoría sensata, por fin se instaurará la estabilidad, aunque todavía faltan los últimos coletazos y las últimas ocurrencias de los que no buscan el bien de los ciudadanos, sino la radicalización de la ideología. Ahora falta saber si PdCat y ERC elegirán a otro candidato, o si dimitirá Puigdemont para conseguir una mayoría suficiente y poder realizar otro show mediático y de esa forma mantener la tensión con el gobierno. Si la CUP quiere que la justicia no condicione a la política, acaba de conseguir que la justicia determine el futuro de la política catalana, pero aunque extraño para muchos, parece ser la hoja de ruta de algunos.

Y es que el gobierno catalán ha sido líder en no acabar legislaturas, y ahora es líder en no iniciarlas. Y, sin poder formar gobierno autonómico, es más que imposible exigir una modificación de la carta magna. No se trata de obviar la voluntad de un pueblo, se trata de respetar la voluntad de los demócratas, que son mayoría en Cataluña, por no decir en el estado español.

Sólo quedará la nostalgia, que aunque perdure, no cambiará a la mayoría ciudadana que no quiere más que vivir en paz en una región próspera y en un país próspero. Con el orgullo de una lengua y culturas propias que los enriquece y los identifica pero no los separa del resto de los ciudadanos españoles.

Y es que todavía hay quienes confunden más autogobierno con mayor bienestar de la ciudadanía. Hay quienes confunden más preservación de los valores de un pueblo con la necesidad de independencia.

Cataluña necesita más que nunca un proyecto de futuro con un gobierno estable para trabajar por y para los ciudadanos, para decidir y transformar, con capacidad de diálogo, con voluntad de consenso, que no de imposición. Con vocación de unir a una sociedad fracturada, respetando a todas las sensibilidades.

La repetición de elecciones es una opción, pero no una solución. No importa si ERC sube y PdCAT sube, si Cs sube y el PP baja. Hemos comprobado que las sumas globales son las mismas y, aunque algunos como Podemos y PSOE no saben a qué rama subirse, el árbol tiene una resistencia máxima, y si se rompe se caerán todos; los progresistas y los conservadores, los nacionalistas y los constitucionalistas. Y desde el suelo sólo podrán ser espectadores de un proceso judicial que se avecina largo y tortuoso. En definitiva, una guerra donde perderán todos los partidos, y más los ciudadanos.

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