No habrá paz para el enemigo

PEDRO ORTIZ

Así que Pedro Sánchez considera que el PP es el enemigo a batir. No el adversario, el contrario, el antagonista o el competidor, sino el enemigo. Sánchez no se ha andado con chiquitas y ha decidido que en España hay dos bandos: los corruptos del PP y todos los demás. Los demás, para Sánchez, son quienes entonan la internacional puño en alto, defienden un Estado plurinacional y quieren acabar con el sistema. La idea ya fue de Zapatero y se llamó pacto del Tinell aquel acuerdo que intentó aislar al PP, si es que se puede aislar a un partido que tiene la mitad de los votos. Narbona, la flamante presidenta, asegura que los enemigos de los socialistas son el capitalismo, el neoliberalismo y el PP, cuando en Valencia se creía que su único enemigo eran los trasvases.

Sánchez quiere reeditar aquel pacto. Todos juramentados para establecer lo que llaman un «cordón sanitario contra el PP», que es casi como decir contra media España. Sánchez considera que está cerca de los independentistas y lejos del PP, contra el que quiere diferenciarse abriendo entre ambos una enorme brecha. Es el lenguaje que ahonda en lo que diferencia a los españoles y no en lo que los une. El lenguaje de la diferencia. El del rencor. El del odio. También los independentistas catalanes consideran enemigo a quien no abraza el independentismo.

Y eso que la sociedad española se sitúa en el centro. Las encuestas y los votos indican que los españoles huyen de los extremos y exigen a PP y PSOE que se unan en más acuerdos, especialmente en leyes esenciales, como la de Educación, que vuelcan cada cuatro u ocho años.

Pero no es el desdén hacia el PP lo único llamativo de este nuevo PSOE. También dentro del socialismo llega la hora del desquite: quien no haya comulgado con Sánchez no tendrá futuro; a los vencidos, ni agua. Se acabaron las corrientes o las disputas internas. Y por librarse no se libran ni los presidentes de comunidad autónoma; el valenciano Puig será el primer defenestrado, dicen las quinielas. Sánchez, triunfador en las primarias, ha dictaminado que no habrá ninguna concesión, clemencia o magnanimidad con lo susanistas que quedaron en minoría aunque esta fuera amplia. Purga al canto.

Es así que de puertas afuera el PSOE considera enemigo al partido español con mayor número de votos, y de puertas adentro considera enemigos a la mitad de los militantes de su partido, que no le votaron. Por poco socialistas, quizá. O todo o nada. La táctica produce hasta espanto, como da pavor pensar qué puede hacer Sánchez si en algún momento llega al Gobierno e implementa ese Estado plurinacional con modelo en Bolivia, según Lastra, la número dos. No habrá paz para los vencidos, para los otros; no habrá paz para quien no piense como él, porque quien piensa diferente se transforma automáticamente en un enemigo.

Fotos

Vídeos