SÓLO GINER PUEDE GANARLE A RIBÓ

Julián Quirós
JULIÁN QUIRÓS

Una paradoja inicial y una sencilla conclusión a modo de predicción sobresalen de la encuesta electoral de Sigma Dos que LAS PROVINCIAS ha publicado sobre Valencia ciudad. La paradoja consiste en que hasta ahora los razonamientos más extendidos venían a decir que el tripartito de izquierdas tenía asegurado de antemano otro mandato en el territorio autonómico, a través de una holgada mayoría parlamentaria en Les Corts, mientras que la alternativa podía producirse en el ámbito local, donde la competición parecía más reñida. Justo lo contrario de lo que sale en las encuestas de este periódico. El sondeo publicado la semana pasada advertía de que tanto podía prorrogarse el pacto del Botánico, como dar lugar a otra solución; sea el acuerdo PSPV con Ciudadanos, o de Ciudadanos con PP. Sin embargo, en el plano local, vemos que el tripartito logra la mayoría necesaria de 17 concejales, si bien retrocede, puesto que hace un año sumaban entre 18 y 19. Dicho en plata y contra lo sospechado, ahora mismo Joan Ribó tiene más papeletas para seguir de alcalde que Mónica Oltra de vicepresidenta del Consell.

Encuesta de Sigma Dos para LAS PROVINCIAS sobre el Ayuntamiento de Valencia

El pronóstico por su parte resalta con claridad. Sólo Fernando Giner, de Ciudadanos, tiene oportunidad de disputarle la alcaldía a Ribó. El partido naranja sobrepasa ya al PP en la ciudad e iguala o casi a Compromís en número de concejales, si bien sigue dos puntos por detrás. Todavía insuficiente para Giner, pero imposible del todo para la socialista Sandra Gómez o para el candidato innominado de los populares. Los datos de hoy (9 Compromís, 8/9 Ciudadanos, 7/8 PP, 6 PSPV, 2 los comunes podemitas) bien pueden quedarse tal cual para la izquierda mientras la derecha acabaría con 7 del PP y 9 de Ciudadanos. No es aventurado lograrlo, pero para que Giner tenga la oportunidad de alcanzar la gloria precisa ser la fuerza más votada, o sea, llegar a los diez concejales, ni uno menos, pelándoselo al PP o al PSPV; y luego ya se verá cómo resultarían los hipotéticos multipactos. Eso, o esperar su turno, para cuatro años después. Si el portavoz naranja precisaba fijarse un objetivo concreto de aquí a las urnas, ya lo tiene. A Giner no se le ha tomado demasiado en serio ni en medios políticos, ni periodísticos. Hasta ahora. Demasiado educado, demasiado ingenuo y bien criado, ajeno a la malicia palaciega, blandito, sin el colmillo acostumbrado. Le ha costado el aprendizaje, un poco largo, pero ya ha hecho lo más difícil, llegar a donde está. Y ahora debería sumar nuevas habilidades, criterios y tácticas, pero sin renunciar a su 'yo' natural, porque a lo mejor esas condiciones temperamentales tan inusuales no están de más para adecentar algo la vida pública.

Del PP, poco que decir. Caída libre. En línea con los resultados en otras plazas. Es un problema generalizado de desgaste en la marca. En el caso de Valencia agravado además por la situación de su grupo municipal: todos imputados y por tanto socialmente proscritos, salvo el caso del meritorio Monzó, merecedor de que el partido le levante un monumento a su lealtad y dedicación. El panorama todavía les empeorará. Antes o después los concejales habrán de dimitir con escándalo porque antes o después se verán en la tesitura de sentarse en el banquillo por el caso del pitufeo. Los tiempos electorales irán tan solapados con los tiempos judiciales que el desastre todavía se hará mayor. Y luego está la ausencia de candidato por la inercia de Rajoy a retrasar las decisiones. En esta tesitura, ya parece absurdo sacrificar la posición de González Pons en Bruselas para competir por un imposible en Valencia; perderían una figura relevante en el Parlamento Europeo para sentarlo en la oposición municipal o, como mucho, ejercer de lugarteniente de Giner. El sondeo también es revelador en este sentido; ninguno de los aspirantes presenta fortaleza para suponer un revulsivo en la lista, así que tendrán que reflexionar hasta qué punto merece la pena una operación para desplazar al titular actual, Eusebio Monzó, y colocar a otro de fuera en su lugar.

Fernando Giner.
Fernando Giner. / Ilustración Sr. García

¿Ha dejado pasar oportunidades el PSPV de Sandra Gómez? Lo parece, o quizás todavía no ha llegado su momento. Es joven. No ha logrado replicar el papel moderador de Ximo Puig en el Consell respecto a Compromís, si bien es más fácil ejecutarlo cuando uno ocupa la posición de mando. Pero Gómez no ha jugado ese factor de freno, de muro de contención respecto al exceso de sus socios. Ha representado cierta resistencia, sí, pero al final de cada polémica Ribó se ha salido con la suya. La portavoz cree en una centralidad alejada de los nacionalistas, pero no gana los pulsos y, a veces, hasta los imita. Tiene esos vaivenes tan típicos del socialismo sanchista, que unos días apuesta por el espacio estabilizador y sistémico y al otro le sale una vena propia de los podemitas de Pablo Iglesias. Por ejemplo, en el asunto de los pisos turísticos; una cosa es regular esas viviendas para que presten un servicio adecuado, paguen impuestos y no molesten al vecindario, y otra distinta es cargarse de un plumazo el 70% de ellas. A Gómez le perjudica además que los votos que le llegan fugados de Compromís, Ribó los compensa con holgura desangrando la bolsa electoral de los podemitas locales, los cuales ya se ve meridianamente que se quedan en un papel periférico como meros sustitutos de lo que antes fue Esquerra.

Encuesta a nivel autonómico

El tripartito de Ribó se erosiona algo pero sigue teniendo solidez, eso no se puede negar. Cuenta con el respaldo de cuatro de cada diez ciudadanos. Es una buena nota que sólo se rompe por el lado del tráfico, ahí puede estar la brecha. La oposición a las políticas del concejal Grezzi llega al 37% por ciento de los vecinos, nueve puntos mayor que quienes le defienden. El concejal autollamado «pacificador» en realidad ha abierto una guerra sin precedentes en la ciudad a cuenta de sus iniciativas y es abiertamente cuestionado por los votantes del PP, de Ciudadanos y también del partido socialista. Está quemado, igual que Fuset el de las trolas falleras. Pero Grezzi y Fuset aparte, el equipo de Ribó logra ocho puntos más que su colega Mónica Oltra gracias a que ha sabido dar el abrazo del oso a los podemitas locales. Apenas sube, pero no baja. Compromís en Valencia es el mayor activo de toda la formación y eso supone una aportación fundamental para los comicios autonómicos. Un aval evidente para Ribó. Aunque, ¿el mérito es de Ribó o de la propia marca? Un perfil menos escorado que el del alcalde podría hacer de Compromís algo más amable y tranquilizador para el electorado centrado. A cambio, la continuidad de Ribó garantiza el flujo de votos de los podemitas hacia Compromís; sin él podrían perderse. Y ahí tienen un importante debate de fondo.

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