Encuentro microplanetario

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Gracias a nuestro benigno clima, a las playas de arena fina que jalonan nuestra costa, a los frescos productos de nuestra huerta, a la gastronomía basada en los arroces y a ese carácter nuestro que, en general, proyecta una suerte de tolerancia sonriente lindando con el hedonismo, soportamos la infumable etiqueta de 'Levante feliz'. Qué peñazo. Bajo esa losa repipi de bucolismo infecto se tiende a olvidar que, desde luego, el valenciano es un currante nato de madrugadas afiladas e ideas encauzadas hacia el comercio y la exportación. Encima, aunque nadie detecte este detalle pues el tópico feliz nos esclaviza, nos persigue cierta mala suerte. Cuenta la leyenda que, el PP, ávido de eventos dulzones y festivaleros para lucirse ante las masas, iba a apoyar sin reparos lo de la Copa América y otros jolgorios. Como no habían sacado pecho con Olimpiadas o Expos, para erradicar esa sensación de orfandad se iban a volcar con la Valencia de los años de glorias y desparrames. Pero ganó Zapatero las elecciones tras los atentados de Atocha y fue la Comunitat la que permaneció huérfana de una generosa protección gubernamental. Mala suerte, sí. Esta gafancia se diría que nos atosiga... Ayer mismo se reunieron Rajoy y Puig para debatir, se supone, los temas que nos interesan vinculados a los dineros, las infraestructuras y tal y tal. Pero claro, cuesta creer que don Mariano, con el explosivo zafarrancho catalán en fase de huracán Inma, prestase atención a don Ximo. No parece que, ahora mismo, su sensibilidad se centre en los valencianos. De hecho, más allá del ámbito valenciano, sospechamos que los medios tampoco van a fijar su foco (lógico) en ese encuentro acaso microplanetario. Seguiremos, pues, condenados y reducidos a nuestra condición de actor prescindible que siempre entra en la escena a destiempo.

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