Un empeño histórico

Cataluña no puede seguir víctima del matonismo político enquistado en sus instituciones

IGNACIO GIL LÁZARO

España vive este domingo un gravísimo episodio. El independentismo ha traspasado todos los límites destrozando las bases de la convivencia y el entendimiento civil. El pasado 23 de julio dije en esta misma columna lo que podía ocurrir el 1 de octubre en Cataluña. Una jornada insurreccional violenta si no se aplicaba la previsión del artículo 155 para asegurar a tiempo el papel efectivo de los Mossos. Sin embargo, no se ha hecho y a la vista está la actitud contemplativa mantenida por la policía autonómica en los incidentes acaecidos esta última semana y el ambiguo posicionamiento de sus jefes respecto a cómo cumplirán las órdenes de la Fiscalía en el día de hoy. Veremos si como advertí igualmente, esa circunstancia deriva en situaciones de facto que supongan un conflicto entre cuerpos policiales. Sería desde luego la culminación vergonzosa de un proceso lamentable. En los dos meses transcurridos desde aquel 23 de julio el pulso de la Generalitat ha llegado hasta sus últimas consecuencias. Sedición descarada sin el menor disimulo. También el llamamiento de los radicales a responder con la fuerza. Estrategia organizada para 'batasunizar' la calle y continuar alimentando la dinámica de una rebelión que conduce al abismo. Ante tamaño motín el Estado de Derecho no debe consentir mas desafíos. Para eso estan las Fuerzas de Seguridad y el ordenamiento penal. Mantener el orden público es garantizar la libertad y nadie está por encima de ella. Además, sobran titubeos. ¿Dónde se ha visto asistir a reuniones burlescas convocadas por quienes están dando un golpe de Estado? Basta de remilgos. Cataluña no puede seguir víctima del matonismo político enquistado en sus instituciones. Ha llegado el momento de acabar democráticamente con dicha anomalía. Eso significa primero aplicar la ley a los culpables y a continuación elecciones autonómicas para dar una oportunidad al cambio imprescindible. Objetivo que corresponde impulsar a esos millones de hombres y mujeres que viven su catalanidad sin querer romper con España. La Cataluña silenciada por la presión cotidiana del independentismo ha de ponerse en pie sabiendo que en las urnas está la clave de un porvenir distinto. El Parlament de Cataluña no debe ser otra vez coto privado de los separatistas ni el soviet de los antisistema. Un empeño histórico que exige a Rajoy, Rivera y Sánchez compartir esfuerzos por completo. Fuera pues discursos manidos, cálculos partidistas o aun menos nuevas cesiones al separatismo. Es tiempo de grandeza, coraje cívico, coherencia, generosidad, patriotismo y sentido común. Una suma de principios conexos que son el impulso clave para que esa gran parte de la sociedad catalana no independentista se sienta de manera fehaciente respaldada en la necesidad de ganar con su voto la liberación colectiva y con ella recuperar el sosiego en pro de avanzar hacia un futuro mejor. Veremos.

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