Emotividad

Tienda de campaña

La política está en manos del sentimentalismo informativo y del vendaval de dramatismo: el ciudadano está a la intemperie

Francisco Pérez Puche
FRANCISCO PÉREZ PUCHE

Igual que ocurre con los frentes fríos, las emociones llevan semanas, meses, invadiéndonos por oleadas. Como borrascas, como temporales, los vendavales de emotividad soplan sobre la sociedad, cada vez más frágil y asustadiza. El ciudadano, desprevenido, se queda a la intemperie de lo que le brindan los noticiarios y aprovechan los partidos más descarados y oportunistas.

Hace frío y nieva. Y lo tienen que contar, durante casi media hora, seis personas disfrazadas de esquimales que van a convertir una elemental noticia meteorológica en una escenificación de sufrimiento polar. El resultado debe ser dramático: «esto nunca había ocurrido»; y es porque el clima está cambiando por nuestra culpa. Y así, emotivamente, todos los asuntos: la mujer y sus reivindicaciones, las pensiones, los abusos, la corrupción, la debilidad y la ternura, la pareja y la igualdad, los derechos pendientes, nunca los deberes, la tristeza, la compasión y el dolor... En televisión y radio todo son grandes enunciados, escenarios que remiten a campos donde el pensamiento y la reflexión, la vieja información, apenas tiene cabida.

Hay un niño desaparecido: y nos lo tienen que decir, emotivamente, sin contención alguna, durante media hora, seis personas que no harán sino transmitir oleadas sucesivas de tragedia: la búsqueda, la localización del cadáver, la detención de la presunta asesina, el entierro desolador...

Las pensiones deben ser dignas. ¿Y cuándo una pensión ya es digna? ¿Cuándo lo es un sueldo, una renta, un patrimonio? Pero Cataluña sigue siendo el gran manantial de los mensajes emotivos en un escenario donde sigue la trampa contra España. Basta sintonizar unos minutos la TV3 para comprobar que los sentimientos siguen siendo dueños, allí, de un relato de pura propaganda en manos de un tornavoz que el Estado no se atreve a cerrar por la timidez del buenismo.

A Facebook le están robando nuestros datos para uso político y electoral. Un populismo cimentado en mentiras es herramienta de trabajo de los parlamentos. La pasión se come a la información y ya se ha logrado que la reflexión fundada en datos no sea presentable en sociedad. Todo es efusividad, toda noticia deber ser un escenario concebido desde el dramatismo: se tiene que ver que el periodista pasa frío porque la noticia existe cuando abre la puerta de la sensibilidad. Cuidado con ese oleaje. El vaivén de las opiniones sensibilizadas trae su reflujo y se da la vuelta: millones de personas quieren que los jueces digan: «Tu estarás en la cárcel hasta que mueras».

La medicina se vuelve contra su inventor: el alcalde Echávarri no se quiere ir y es condenado por los suyos al ostracismo de una 'mascletà' en solitario. Política sentimental, donde nada es lo que parecía. El 'top-manta' y los senegaleses. El debate del agua y la ley de amnistía de 1977. Hay que reescribir la historia, dice una joven rebelde. Y los agricultores: ya que no llueve por igual... habrá que lograr que la lluvia sea justamente repartida.

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