El embalse fantasma

El embalse  fantasma

Nuestro río más importante, el Júcar, no es en realidad nuestro. Se lo robamos a La Mancha, a Portugal y al Atlántico. A base de retroexcavar barrancos pendientes, Sistema Ibérico de por medio, lo captamos 'a lazo' y nos lo trajimos hacia Levante; para convertir en tierra cultivable y habitable las ensenadas de aguas marinas de Las Riberas y La Safor. Cual 'Nilo' valenciano, aprovechamos sus avenidas de renovado fértil manto terroso; siempre recortando, al tiempo, sus cornadas como 'Devastador'.

Ya como moros, aprendimos a navegar -primaveralmente- sobre él; bajándonos los troncos conquenses que necesitábamos para decenas y una artesanía y cientos de edificación. Eso sí, retajando de nuevo el itinerario abombado hacia el centro peninsular mediante el otro hermano del secuestrado río: el Cabriel.

Otros siglos después vinieron los vascos a descubrirnos lo que suponían el Júcar y el Cabriel; ya juntos desde Cofrentes. Sus plateadas aguas valían, si se las hacía 'bailar', su caudal en oro: lumínico y monetario.

Así nació la idea de un pantano en las casas de El Ral, de Cortes de Pallás. Y luego, la constatación del error de cálculo de los ingenieros. Seguido de un nuevo proyecto prolongativo hasta el término de Dos Aguas, del que aún viven -inacabadas- las trincheras del canal de conducción; por un segundo 'fallo del terreno' en el empeño de levantar una presa. Que quedó, durante decenios, en un mero y productivo salto por tuberías: en Rambla Seca.

Ha habido otras ideas en la zona. Unas antiguas, como la de pasar el caudal del Júcar -por túnel- al vecino y casi paralelo en su recorrido medio río Magro y, desde él, hasta los mismos aledaños de Valencia.

Otras, recientísimas. El trasvase Cortes-Vinalopó, llamado con sorna por los vecinos «Cortes-Fernando Po». El de la famosa foto inaugural del entonces presidente Aznar con toda la plana mayor valenciana, con 'retardo preparado' al coche del alcalde socialista local, a fin de que en la imagen oficial ocupase el hueco la foránea excelente alcaldesa de la ciudad de Valencia.

Por fin, en los 80 pasados, se levantó en Cortes el equivalente a la 'pirámide egipcia'. El monumental complejo que cambió la faz del valle y la vida de su parco vecindario, avejentado y aislado.

Presa, embalse inmenso que alcanza más de una docena de kilómetros con su cola serpenteante por el recortado y profundo cañón calcáreo. Con pared paradora, en arco gravedad espectacular, de más de cien metros de altura por trescientos de anchura. Con puente viaducto, para su cruce de orillas, de altura y longitud semejantes a las recién citadas. De túnel vial. De profunda en las entrañas cava subterránea 'keopsiana', de un centenar métrico vertical con una docena de pisos excavados; incluida la cámara motororia o de las turbinas. A cuya excavación algunos malpensantes atribuyen los derrumbamientos recientes de montaña sobre la carretera del pueblo.

Y al exterior, tubería inverosímil comunicante -por medio kilómetro- con la cima de una vasta Muela; donde se solea el inmenso embalse de acumulación, en plena reserva (desde los 70) de protegida Caza Mayor. Con otra tubería hermana, nacida ya en pleno segundo milenio; ocultada a la vista, en plena roca, por mor de los cantos ecologistas y callados sus errores constructivos, que a punto estuvieron de provocar una masacre humana.

Pero, finalmente, contando con la bendición de la visita (no bajando a las 'hurdes' del vecindario cortesano) de S.M. el Rey, este complejo de explotación eléctrica, arrancado con la manivela de la CNC próxima, pasa por ser el mejor de Europa.

Curioso embalse, colmatado hasta los topes (con miles de millones de litros de agua almacenados), por el que la mitad de los valencianos han paseado en barca turística acristalada.

Pantano lleno, a desbordar. Del que, curiosamente, no se abren periódicamente las compuertas para dejar sitio ante una posible riada. Que 'rebose' o que turbine lo que pueda. Que para eso se hizo, a continuación, el contraembalse de El Naranjero.

Excelente idea, mal aprovechada por las sedientas bocas y campos de los valencianos. En lugar de 'malgastar' los millones en utópicas desalinizadoras; de entrada, poco altas de nivel por estar junto al mar. También a bombear, como las 'malas' y profundas de nivel aguas sucronenses del Azud de la Marquesa.

Hacer los embalses de dos en dos. El primero, se mantiene siempre lleno, como garantía para tiempos de sequía. El segundo, más pequeño, a continuación para retener y regular con provecho las aguas sobrantes de una avenida pluviosa. Será por cemento...

De momento, tranquilos los valencianos. El gran embalse de Cortes de Pallás está todo el año lleno, completamente lleno. Vayan a verlo con sus propios ojos, ya que para los partes de la CHJ es un simple 'pantano fantasma'.

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