Elegía

MIQUEL NADAL

Hay un recuerdo de mi infancia que ahora acredita una foto. Desde la Plaza la visión del letrero de Lauria y enfrente el de Casa Balanzá. Es una foto en blanco y negro de esas de antes, pero muy nítida, que algún día enmarcaré. Cines, teatros, americanas, mangas de camisa, faldas plisadas. Una escena urbana nocturna de gran capital, libre, desinhibida. Coches aparcados, Gordinis, una iluminación excepcional, la multitud paseando. Letreros luminosos de Philips, Pañerías Raga, Peluquería de Caballeros La Mundial, de la Cafetería Hungaria, la Farmacia Morera, en la esquina con Mosén Femades, el anuncio de la comedia 'Fabricante de Campeones', de Bob Hope y Mike Rooney, comedia sobre el mundo del boxeo, con cameo de Jack Dempsey. Me extrañaba la presencia de esa película de 1953, con el letrero de la Cafetería Lauria, hasta que descubro que 'Fabricante de Campeones', 'Off Limits' en su título original, se estrenó en España en 1958. Lauria se inauguró en marzo de 1956. Antes estuvo la Lechería de Lauria. El anuncio en LAS PROVINCIAS detalla la radical valencianidad de la obra. «Un alarde en decoración, instalación y servicios». El arquitecto fue Joaquín Rieta Sister. Aparejador Balanzá. Constructores los Hermanos Mir de Mislata. La decoración a cargo de Mariano García. Cocinas de Juan Sala. Mármoles, luminosos cierres metálicos, cristales e instalaciones a cargo de empresas de las calles Cuenca, Buenos Aires, Sevilla, Jerusalén o San José de la Montaña. No puedo competir en cafeterías con Pablo Salazar, que me recita como una letanía una docena de establecimientos desaparecidos. Me rindo. Pero para mí, del mundo de los modestos bares de la periferia con la huerta, el viaje a una cafetería era signo de cobijo y confort, de la ciudad a la que aspirabas. «En el más moderno y grato mirador de Valencia» rezaba la publicidad de la inauguración. No hay lamento, pero sí elegía en esta columna. Hacemos cruzadas sobre la conservación de la fachada del Metropol de Goerlich, pero nada procuramos para evitar las causas de la desaparición del comercio que se esconde tras cada fachada. Nos faltan energías para tanta causa. Ahora se anuncia que una empresa de telefonía y una franquicia de comida rápida, avícola y americana, se situarán en esa esquina. Al pasar por la acera y ver el edificio con el anuncio inmobiliario me preguntó dónde estará el letrero de la Cafetería Lauria, y el respeto por el trabajo de Joaquín Rieta Sister, y el mobiliario de modernidad que diseñó Mariano García. Dónde estarán aquellas butacas, y aquellas barras fascinantes, y aquella luz que iluminaba los sueños de un niño sobre lo que significaba la urbanidad, y que enseñaba una manera de estar en la ciudad, que acabó siendo una manera de ser de la ciudad. Algo estaremos haciendo mal. Cuanto más singulares y de identidad son los discursos públicos, más franquicias se instalan. Creemos apropiarnos de las calles pero nos cambian las fachadas. Algún día aplaudiremos como simulacro lo auténtico que no supimos conservar.

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