El ejemplo del Rey

A Rajoy deberían asesorarle las personas que han reconducido el enfrentamiento entre las dos reinas

CURRI VALENZUELA

El Rey volvió a ganarse ayer la Corona al viajar a Barcelona entre grandes protestas de los independentistas más radicales, aún a riesgo de seguir asumiendo un papel que tendría que afrontar el Gobierno. Dos días antes, la Casa Real había terminado con una sola imagen, la de la reina Letizia abriendo la puerta del coche a su suegra, la polémica surgida por el enfrentamiento entre ambas a cuenta de una foto en la catedral de Palma.

En vez de tanta convención para levantar la moral de los cargos electos del PP ante las próximas elecciones, a Mariano Rajoy deberían asesorarle las personas, las que sean, que han reconducido el enfrentamiento entre las dos reinas. Ni le echaron la culpa al cámara de televisión que grabó las imágenes, ni trataron de hacer creer que las dos se llevan tan estupendamente que la nuera no quería que la suegra fuera retratada esa mañana que tenía tan mala cara. No. La actitud de la Casa Real ha sido la de dejar muy claro que sean cual sean sus relaciones personales todos los integrantes de la familia real van a seguir desempeñando con toda normalidad los papeles que les asigna la Constitución.

Comparemos la resolución de esa crisis con la de Cristina Cifuentes. Más de dos semanas para una polémica que ya sabemos todos, incluida seguramente la afectada, va a terminar con la dimisión de la presidenta madrileña. No porque haya cometido ningún delito, pero por querer engañar con una serie de excusas de cómo consiguió un máster sin asistir a clases ni examinarse. En su convención del fin de semana pasado el PP la apoyó «sin fisuras», dijeron sus dirigentes. Como a Francisco Camps, a Rita Barberá y a tantos otros anteriormente en situaciones parecidas. Aparte de que si Rajoy quería que Cifuentes conserve el cargo no era el mejor momento el de este domingo para llamar «inexpertos lenguaraces» a los responsables de Ciudadanos, el partido que la ha mantenido hasta ahora en el poder y que ya estaba amenazando con pedir su dimisión.

Más urgente aún para Moncloa es recabar consejos de Zarzuela de cómo dar la cara en público ante el desafío de los secesionistas catalanes y de paso mostrar el apoyo (ese sin fisuras de verdad) a los jueces que están enseñando a los rebeldes que la democracia se basa en el respeto a la Ley. Ha tenido que ser el Rey el que haya viajado a Barcelona para entregar los despachos a los nuevos jueces de esa comunidad, un papel en realidad más propio del presidente del Gobierno que del Monarca. «Sois la garantía del Estado de Derecho», dijo Felipe VI a los presentes entre los que se encontraba, no por casualidad, el magistrado Llarena, el que ha enviado a la cárcel a los cabecillas de la rebelión. Fuera, cientos de exaltados protestaban por su visita. Menos mal que por lo menos el Gobierno había enviado al ministro de Justicia para que le acompañara. El presidente, que lleva meses sin visitar la Comunidad que preside también, está en Argentina.

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