EGIPTO, LA POTENCIA EMERGENTE

VICENTE LLADRÓ

En las últimas semanas se repite el argumento cuando se pregunta por la marcha de la campaña de exportación naranjera: «No va todo lo bien que debiera, que cabría esperar; los precios fuera no responden a lo que han subido aquí en el campo...» Cabe replicar que ese es el tono acostumbrado de la misma cantinela de siempre. ¿Qué es lo que pasa fuera? (fuera es el resto de la UE, para aclararnos). Y entonces te sueltan: «Egipto está muy fuerte, tiene mucha y buena naranja y la vende barata; las cadenas europeas de supermercados van a lo más económico, nosotros no podemos seguir las ofertas de naranjas rebajadas de Egipto y muchas veces sólo estamos atendiendo cosas puntuales, por eso se está alargando la campaña de la Lane más de lo que cabía imaginar al principio, cuando se vio la merma que teníamos; la sacaremos, pero con más tiempo».

Por si acaso te recuerdan aquello de que «no estamos solos, cada vez hay más oferta de todas partes»; y, para terminar de rematar, también que «no es sólo Egipto, están Turquía, Grecia, Marruecos...»

Bueno, lo de Marruecos no es nuevo, ni lo de Grecia, que es país miembro de la UE. Turquía, Marruecos y Egipto son países terceros. Es muy curioso, y preocupante, que en el mismo terreno de juego de la Unión Europea jueguen en las mismas condiciones los que están dentro y los que llegan de fuera. ¿Es que ha sido abolido el principio fundacional de la preferencia comunitaria? Desde luego que no, pero en la práctica parece que ya no lo defiende nadie, ni los mismos productores europeos perjudicados. Quizás ni se recuerde ya que eso está vigente y lo que significa, por si alguien quisiera exigir su cumplimiento. ¿O es que todo el mundo se ha resignado a someterse al imperio de las conveniencias cruzadas? La preferencia comunitaria significa que la UE debe preferir dar salida comercial en el mercado interno a las mercancías propias antes de adquirir las de fuera en situación ventajosa. Si falta algo se trae como sea; si no, se aplican aranceles y restricciones para evitar la competencia desleal sobre el producto de casa, porque lo que viene de fuera siempre llega más barato: se ha producido con costes menores, con menos exigencias de todo tipo, y se vende en un mercado caro, luego todo el mundo tiene margen de maniobra.

Egipto es la nueva potencia citrícola emergente, la amenaza más reciente para la citricultura española. En naranjas sobre todo. En muy pocos años ha duplicado su producción a lo largo del valle del Nilo. Puede tener ya cerca de cuatro millones de toneladas y crece a ritmo muy fuerte. Se estima que este año colocará más de 300.000 toneladas en Europa, gracias a unos salarios muy bajos (una hora de aquí, un jornal allí), la fuerte devaluación de la libra egipcia y el silencioso trato de favor de la UE.

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