El 'efecto dominó'

El 'efecto dominó'
jesús ferrero

¿Existe riesgo de contagio por el desafío soberanista catalán? El autor advierte de peligrosas concesiones al nacionalismo

EDUARDO BENLLOCH GARCÍA

En 1931 el ingeniero e inspector de seguros W. H. Heinrich aplicó el símil de las fichas de dominó para modelizar el estudio de los accidentes laborales, proponiendo una «secuencia de cinco factores en el accidente», en la que cada uno actuaría sobre el siguiente de manera similar a como lo hacen las fichas de dominó cayendo una sobre otra. En realidad es un esquema teórico de una realidad compleja, como la investigación de accidentes, la evolución socio-económica de un país o las circunstancias geopolíticas, para facilitar su comprensión, comportamiento y prevención. Estos modelos entienden el incidente/accidente como el fruto de una secuencia, simbolizada por la caída en cadena de unas fichas de dominó, donde cada ficha representa un factor o un conjunto de factores y, en general, han puesto el acento en el factor humano y en el orden en que actúan los diversos factores. Con posterioridad se han desarrollado otros modelos, no todos basados en el esquema inicial de Heinrich, pero éste, en lo esencial sigue vigente.

Durante la guerra fría, tras la Segunda Guerra Mundial, se aplicó por los dirigentes de EEUU a la política internacional entendiendo que si un país entra en un determinado sistema político, arrastraría a otros de su área hacia esa misma ideología. Esta aplicación de la teoría del dominó (también llamada 'de la bola de nieve') dejó de ser utilizada tras el final de la guerra fría y, aunque sus presupuestos nunca fueron demostrados, ha sido de utilización recurrente en muchos otros conflictos nacionales e internacionales y se ha generalizado en el estudio de accidentes y conflictos, donde sí ha dado frutos en la práctica, y se oye hablar de esta teoría hasta en textos científicos médicos.

Los modelos secuenciales parten de numerosos axiomas de los que, por conveniencia, querría destacar tres: a) Todos los accidentes/incidentes tienen causas técnicas y/o humanas; b) La dirección debe asumir la responsabilidad de la prevención; y c) En su investigación se tiende a centrar la atención en sus causas inmediatas, obviando las esenciales. No son todos pero sí muy importantes pues señalan que se pueden investigar las causas, que los directivos deben atender a la prevención y que en el estudio se tiende a tener un sesgo que olvida o minusvalora problemas esenciales.

Ahora en nuestro país estamos viviendo un grave incidente de separatismo, llámese rebelión, sedición o desobediencia, basado en una determinada idea de nación que puede extenderse a otras regiones españolas, como ha amenazado la propuesta vasca de un nuevo Estatuto que pretende reconocer el discutido «derecho a decidir» de su Comunidad. Que lo sucedido, y aún vaya a suceder, en Cataluña pueda desencadenar un 'efecto dominó' en otras comunidades no es en absoluto descartable. En un Estado como España -que es una integración de pueblos, con raíces históricas diversas, que proporcionan la unión social, económica y política a un tronco común (M. Trigo Chacón; El Mundo 1.7.17)- y cuyos pilares son de tan distinta raigambre y profundidad no es extraño que esa integración presente fisuras fácilmente. Ciertamente no podemos organizar con eficacia a masas de gente sin recurrir a algunos mitos ficticios... y a medida que las burocracias acumulan poder, se hacen inmunes a sus propios errores y en lugar de cambiar sus relatos para que encajen con la realidad, pueden cambiar la realidad para que encaje con sus relatos» (Harari, 'Homo Deus').

Esos mitos pueden acabar -con los cambios de relatos- en arietes que debiliten la cohesión de la superestructura a la que pertenecen y nos podemos encontrar con que «la gente teje una red de sentido, cree en ella con todo su corazón, pero más pronto o más tarde la red se desenmaraña, y cuando miramos atrás, no podemos entender cómo nadie pudo haberla tomado en serio». (Harari, 'Homo Deus'), aunque sea demasiado tarde ya para revertir sus consecuencias.

Ciñéndonos a los últimos cuarenta años el primer intento serio de desestabilizar el equilibrio de las fichas del dominó nacional fue el abortado plan Ibarretxe por las estructuras constitucionales del Estado, consiguiendo mantener la estabilidad del pilar que peligraba. Nuevamente, aprovechando el golpe desestabilizador catalán, aún no resuelto, se amenaza por el PNV con un nuevo golpe como si de dejar caer la segunda ficha se tratara.

Los dirigentes políticos deberán reflexionar seriamente sobre qué fichas del dominó estatal se han ido debilitando con la actual organización administrativa, qué actuaciones han llevado a conductas o incidentes no deseados y qué hay de evitable o de reparable en esos pilares en riesgo de derrumbe para esquivar los peligros presentes y tratar de evitar o prevenir los que se atisban en el próximo futuro. No parecen ir en la buena dirección las propuestas del PP de consensuar concesiones al PNV en leyes como la de Seguridad Ciudadana o la de Secretos oficiales, recién anunciadas. No parece una medida para parar o prevenir el 'efecto dominó' debilitar más, si cabe, la estructura del Estado.

Estas contingencias no nos atañen sólo a los españoles. En el contexto europeo se vislumbran con claridad conflictos 'nacionales' semejantes, aunque las raíces sean objetivamente distintas y las respuestas institucionales sean más realistas, Ya señaló esta tendencia el presidente de la Comisión Europea, J.C. Juncker, remarcando lo indeseable, por imposible, de una Europa de 200 naciones, y recientemente ha ratificado, con hechos, el presidente Macrón al rechazar siquiera entrar en ningún tipo de conversación con los separatistas -por ahora sólo autonomistas- corsos.

Los polítólogos, sociólogos, psicólogos y analistas ya dedican esfuerzos al estudio de las causas, pero deberían trasmitir a los gobernantes las causas esenciales y no sólo las inmediatas y evidentes. Como siempre y en muchas disciplinas hay que ir a la raíz del problema, para poder enfocar su solución a largo plazo. Si es que tiene solución. Ya señalaba Z. Bauman: «no todos los problemas tienen solución, muchos no la tienen» (...) «quienes trabajamos en el campo de las ciencias humanas jamás resolvemos los problemas, nos limitamos a tratarlos hasta la saciedad»... (Bauman/Leoncini; 'Generación líquida'). ¿Nos quedaremos ahí?

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