EFECTO COLATERAL

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Inútil apelar a los argumentos económicos ante lo de Cataluña. El tintineo de la calderilla en el bolsillo siempre actuó de forma eficaz para reducir las aspiraciones insensatas, pero esos planteamientos se quedaron en el baúl de los recuerdos de nuestros padres y abuelos. Ya no sirven. Los expertos calculan que el PIB catalán caerá un 8% si se independiza. ¿Y qué? En serio creen que esto preocupa a la tropa de la CUP y sus amigachos... Les recuerdo que una de sus jefas proponía educar a los críos en plan comuna de corro de la patata. Que los padres eduquen en exclusiva a sus hijos es sin duda una tiranía harto facha.

Un efecto colateral ante la marea independentista es la recuperación de Josep Pla, de su figura y su prosa, de su pensamiento preñado de ironía. Claro que, como sucede con 'Patria', los que lo tendrían que leer para abrir su mente naturalmente jamás lo leerán. De nuevo nos topamos con la etiqueta de «son fachas.» Bajo ese marchamo algunos se pierden páginas exquisitas, pero qué le vamos a hacer, contra semejante cerrilismo no existe vacuna. Precisamente Pla solía hurgar su bisturí en la infantilización de la sociedad, en sus escaso amor hacia la reflexión y en su querencia hacia las ilusiones difusas amparadas bajo la palabrería hueca. Hemos creado una sociedad de parque de atracciones ávida de sentimentalismos baratos. Asistimos ahora al apogeo de esta corriente. No se piensa con la cartera o el cerebro, sino con el corazón. No se meditan las consecuencias, se trata de militar en el grupo guay que surfea sobre la cresta de la ola enchufando los certificados ideológicos que marcan el canon correcto. Y el efecto gregario resulta imparable. El disidente se convierte en un apestado y se le expulsa del protector cogollo. Pla lo vio venir, por eso, hoy, se mantiene tan vivaracho.

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