Educar a los políticos para salvar la artesanía

JOSÉ ANTONIO GIMÉNEZ ARTESANO

La aparición del ser humano es la historia de un salto evolutivo excepcional, de una bifurcación imprevista e inexplicable en el camino de la vida. Todas las culturas conocidas apelan a la intervención de un algo superior que, bien con las manos de un alfarero divino que moldea nuestros cuerpos, o bien por la intervención de unos seres mitológicos, entre otras muchas explicaciones, creó todo aquello que hoy conocemos, o desconocemos.

Ese mismo carácter divino e inexplicable es el que emana de aquellos que, dotados de una sensibilidad especial, crean con sus manos nuevos mundos o realidades. A esa categoría excepcional de encantadores, de chamanes que curan con sus manos, pertenecen los artesanos. Ellos extraen su arte de una realidad ya asimilada, empleando, de manera personal, medios convencionales. De esa desoladora dificultad, de esa consciencia de riesgo y de limitación, de esa certeza de manejar realidades artificiales surge su poder creador.

Como en muchas de las pinturas rupestres en las que el cazador en un ritual mágico previo a la cacería dibuja las piezas que ha visto o desea ver, el artesano contemporáneo boceta aquello que su experiencia le ha enseñado, y representa aquello que anhela ver y experimentar... o quizá sólo son representaciones de las preocupaciones subconscientes de cualquier persona que, en las manos de éstos creadores, alcanzan su máxima expresión; obra de arte imperecedera.

Por ello, es esencial que nos preocupemos por el estado de la artesanía de la Comunidad Valenciana, si queremos mantener el equilibrio social y natural al que ha contribuido. Que la artesanía reciba la atención que se merece, no ya del gran público, que sigue admirándose de sus producciones, sino, sobre todo, de los políticos que rigen nuestros destinos y que siguen considerándola un hallazgo mostrable, pero no rentabilizable, salvo como gabinete de curiosidades. O cambiamos su percepción o estamos abocados a vivir en una reserva como los últimos aborígenes australianos o los indios norteamericanos. En realidad, la artesanía es un sector repleto de emprendedores productivos, en los que la tecnología ha avanzado con ellos y se ha ido integrando en el taller de forma natural, evolutiva, pero que, todavía hoy, ni es, ni pienso debe ser, la parte fundamental del trabajo final.

El ser humano nació con la capacidad de crear cosas nuevas, de moldear la realidad con sus propias manos, pero en días como hoy, los llamados días europeos de la artesanía, quienes tienen las herramientas para impulsar el sector, siguen viendo a esta amalgama de creadores como una curiosidad de mercadillo, no como un valor de identidad, de diferenciación, de progreso y, sobre todo, de una economía a escala que se nutre de lo local y revierte en lo local. Pudiendo, además, trascender las fronteras gracias a las nuevas tecnologías y el mercado on line.

Necesitamos educar a las nuevas generaciones, pero especialmente a los políticos, en el valor de la posesión de un objeto único -más allá del arte-. Un objeto que, en muchos casos, se ha adaptado -e incluso lidera- las vanguardias creativas. Un objeto que -al igual que su creador- no ha nacido para vivir una itinerancia de mercadillos, exposiciones o certámenes de ínfima proyección social y económica a los que lo abocan las políticas actuales. La artesanía es otra cosa y, si no somos capaces de educar a la sociedad, y a nuestros políticos acerca de su valor real, la habremos condenado a la desaparición.

Triste es hablar del último velluter de Valencia recreado en una Falla. Tan triste como ver lo que queda de la floreciente industria cerámica de Manises. Dos ejemplos de los muchos que hay para entender que estamos olvidando nuestro pasado, nuestra cultura y tradiciones productivas, y que no hay un plan estratégico para el sector, ni un programa de recuperación del valor inmaterial del conocimiento de aquellos que dejan la profesión, ni siquiera un itinerario de futuro para los artesanos... sálvese quien pueda por sus propios medios.

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