Educar con pokemons

Arturo Checa
ARTURO CHECAValencia

¿Quién es?

Soy un adolescente.

Pasa, chaval, pasa. Permíteme que te tutee, porque tú fijo que lo vas a hacer conmigo. Lo de 'usted' a vuestra generación os suena a capítulo perdido del Quijote. Decimonónico. Lo dejo que yo ya sueno a abuelo. Pasa y escucha mi experiencia mística. El otro día fui con mis dos hijos a ver en el cine la última película de Pokemon. Tienen aún cinco y ocho años y ni se atisba en ellos (por suerte y que dure) la adolescencia. Pero para mí la experiencia fue asombrosa. No sólo por no entender cómo se puede estrenar una película de Pokemon tras casi 1.000 episodios emitidos en televisión. Ni cómo es posible que la cinta esté sólo dos días en cartel. Sobre todo tras comprobar las hordas de chavales que hacían cola para entrar, algunos vestidos a lo manga ('anime', me corrigió mi hijo mayor) y que rumoreaban, gemían, coreaban y cantaban cada compás de la película. Aún recuerdo asombrado cómo nombraban cada pokemon que aparecía en pantalla. Cada uno de ellos. Y existen más de 800 en el universo creado por Satoshi Tajiri. Y con nombres no precisamente sencillos: Bulbasaur, Raichu, Parasect, Victreebel, Exeggcute, Mewtwo, Feraligatr... «Cuando quieren, se aprenden lo que sea», comentó un amigo profesor ante mi asombro. Y yo me pregunto, querido adolescente: con tanto cambio de plan educativo y modificación de libros, ¿ninguna autoridad educativa se ha planteado enseñar con los pokemons de por medio? Hasta se podría aumentar el plurilingüismo con el japonés. Suena a chufla, pero una chanza es precisamente lo que parece a menudo la educación actual. Todo por el alumno pero sin el alumno. Quizás con Pikachu tumbáramos al fracaso electoral.

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